La pasarela peatonal ubicada en la intersección del Acceso Sudeste y Cazassa se encuentra en un estado crítico que mantiene en vilo a los vecinos del barrio. A más de una década del violento siniestro vial que provocó su colapso total, las promesas de una reconstrucción integral jamás se cumplieron y las soluciones se redujeron a parches provisorios. Hoy, el cruce presenta escalones hundidos, chapas oxidadas y faltantes de estructura, lo que convierte cada paso en un riesgo constante de caer al vacío sobre un asfalto donde circulan miles de vehículos a gran velocidad.

La historia de esta infraestructura quedó marcada en abril de 2015, cuando un violento choque destruyó por completo las columnas de soporte del puente sobre la calzada mano a Capital Federal. Aquel operativo de remoción demandó más de doce horas de trabajo e interrumpió de forma absoluta el tránsito en la zona. Sin embargo, en lugar de reemplazar la traza por una obra moderna y segura, el paso fue emparchado una y otra vez. El paso del tiempo, el uso diario ininterrumpido y las severas inclemencias climáticas terminaron por desgastar aún más las precarias soldaduras de planchuela, generando aberturas visibles donde literalmente falta un trozo de puente a los costados.



A la grave falla estructural se le suma un panorama desgarrador sobre la seguridad ciudadana en los alrededores de la zona del pasaje Las Lajas. Vecinos de la comunidad denuncian que la pasarela es “tierra de nadie”, agravada por el estado de abandono, los crecidos pastizales de los márgenes y la presencia constante de grupos de delincuentes que acechan a los peatones. Esta combinación de miedo al asalto y pánico al derrumbe ha llevado a que muchas familias eviten el puente y prefieran cruzar la calzada del Acceso Sudeste a pie, arriesgando sus vidas al esquivar automóviles a gran velocidad, una imprudencia que ya se ha cobrado varias víctimas fatales en el sector.
Las imágenes registradas en el lugar reflejan el estado de indefensión al que están expuestos los habitantes que dependen de este paso para realizar sus actividades cotidianas. Escalones hundidos, estructuras deformadas por pequeños focos de fuego y rejas destruidas conforman el paisaje diario de una pasarela bautizada irónicamente por los jóvenes del barrio como la “escalera camino al cielo”. Pese a eventuales e insuficientes tareas de mantenimiento de desmalezado en las inmediaciones, las cuadrillas se retiran sin reportar el daño evidente en la plataforma ni ofrecer una respuesta concreta a los reclamos vecinales.




El reclamo de la comunidad de Villa Domínico exige una intervención urgente de las autoridades viales y municipales antes de que la estructura ceda por completo o se produzca una nueva tragedia evitable. Los frentistas solicitan el reemplazo definitivo de la pasarela y la puesta en marcha de un plan integral de iluminación, patrullaje y mantenimiento en ambos extremos del acceso, para devolverle la seguridad y la dignidad a un barrio que no quiere seguir conviviendo con el peligro sobre sus cabezas.
