AVELLANEDA CONTAMINADA: Vecinos de Sarandí denuncian el humo tóxico de una fundidora que opera sin control

Familias que residen sobre la calle Luján denuncian que la fábrica “Lacroze S.A.” volvió a cubrir la zona de humo negro este lunes. Los reclamos llevan más de una década en el municipio, con pedidos de informes en el Concejo Deliberante y registros de alertas de salud por problemas respiratorios, alergias y contaminación del aire.

El reclamo por el aire puro y el derecho a la salud vuelve a movilizar a los habitantes de Sarandí, en el partido de Avellaneda. Este lunes 31 de agosto, pasadas las 12:50 hs, las chimeneas de la planta ubicada en Luján 1664 (entre Campichuelo y De la Serna) volvieron a emitir densas columnas de humo negro, desatando una vez más la indignación y la preocupación de las familias linderas.

“Nos llena de humo negro que es muy perjudicial para la salud. Pedimos ayuda urgente a las autoridades responsables para que garanticen el bienestar de todos los vecinos”, advirtió Marcelo Benítez, referente vecinal que encabeza las denuncias desde hace más de diez años.

Un conflicto que lleva más de una década sin respuestas

La problemática no es nueva. Ya en mayo de 2015, las denuncias de los frentistas tomaron repercusión pública a través de la prensa nacional y llegaron al recinto del Honorable Concejo Deliberante de Avellaneda.

En aquel entonces, a través de un Proyecto de Comunicación presentado en el Concejo, los bloques legislativos locales exigieron al Departamento Ejecutivo que informara sobre los monitoreos ambientales y las inspecciones realizadas en la zona, alertando sobre la presencia de “humos potencialmente nocivos para la salud que producen alergias y patologías respiratorias”.

A pesar del paso de los años, de los antecedentes legislativos y de las promesas de fiscalización sobre el establecimiento, los vecinos denuncian que las emisiones contaminantes persisten y afectan la calidad de vida cotidiana del barrio.

Mismos síntomas, misma impunidad

Las consecuencias en el día a día para quienes viven en los alrededores de la fábrica se traducen en un calvario de puertas y ventanas cerradas para evitar el ingreso del material particulado:

  • Efectos en la salud: Congestión permanente, problemas respiratorios, afecciones en niños con asma, irritación en la garganta y picazón en los ojos.
  • Falta de controles efectivos: Pese a las órdenes de inspección y los reclamos presentados ante las dependencias de medio ambiente comunales, la planta continúa operando y arrojando gases sin los filtros adecuados.

Los vecinos de Sarandí insisten en que el reclamo no busca perjudicar las fuentes de trabajo, sino exigir que se adapten las instalaciones y se implementen controles ambientales estrictos que impidan que el funcionamiento industrial siga vulnerando la salud del barrio.

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