Gabriel Wekkesser fue absuelto en forma definitiva tras sufrir una gravísima acusación por parte de su expareja. En una charla íntima, relata los casi 9 años de trabas judiciales, los celos enfermizos, el dolor de los abuelos y la presentación de su libro como refugio ante el horror.
ZONA SUR | “Es difícil resumir casi nueve años de lucha en pocos minutos”, dice Gabriel Wekkesser, y su voz carga con el peso de un sistema judicial que, lejos de proteger, muchas veces destruye vínculos de manera irreparable. Gabriel es docente en el partido de Almirante Brown desde hace más de dos décadas, un profesional respetado que asesora a otros colegas en conflictos escolares. Sin embargo, durante los últimos 4 años y 3 meses, debió cargar con la mochila más pesada y dolorosa que un padre puede soportar: una falsa denuncia de abuso que lo alejó por completo de su hija, Isabella.

La pesadilla comenzó mucho antes de la vía penal. Gabriel se separó de la madre de la nena cuando el embarazo aún estaba en curso, debido a lo que describe como “celos enfermizos” por parte de su expareja. A partir de allí, ver nacer y crecer a su hija se convirtió en una batalla cuesta arriba. Las trabas fueron constantes. Logró conocer a Isabella recién cuando la beba tenía 103 días de vida, gracias a la intervención del Tribunal de Familia N° 9 de Lomas de Zamora.
A pesar de que las numerosas pericias psicológicas y socioambientales del tribunal siempre demostraron su idoneidad y excelente desempeño como padre, el “tire y afloje” impuesto por la madre nunca cesó. Durante la pandemia en 2020, la mujer cortó todo lazo de forma unilateral, dejando a Gabriel y a toda la familia paterna sin ver a la nena desde el 16 de marzo hasta el 23 de diciembre. En 2021 la situación continuó bajo la voluntad de la madre, amparada por una justicia que Wekkesser califica como “muy blanda”.
La estrategia del terror y la absolución definitiva
En 2022, llegó el golpe más bajo. Ante la falta de argumentos en el fuero civil, la madre recurrió a la que parecía ser su última estrategia para desvincularlos: una denuncia penal por presunto abuso.

“Me acusó de haberla tocado. Vivimos un sufrimiento horrible, una incertidumbre total. La fiscal llegó a pedir mi detención para indagarme”, relata Gabriel.
A pesar del pedido de arresto, el docente permaneció en libertad debido a que siempre estuvo a derecho y demostró una presencia intachable en la vida de la menor. Tras años de investigación a cargo del Tribunal Oral en lo Criminal N° 1 de Lomas de Zamora, y tras comprobarse la total ausencia de pruebas —incluso con la negativa de la madre de llevar a la nena a declarar en Cámara Gesell a medida que crecía—, Gabriel fue absuelto en primera instancia el 16 de septiembre del año pasado.
La fiscalía apeló la resolución, pero el calvario penal llegó a su fin definitivo en mayo de este año, cuando la Cámara de Casación Penal ratificó su inocencia absoluta. “Gracias a Dios, se pudo probar que fue una denuncia falsa y que a mi hija nadie le hizo nada”, respira aliviado.
El arte como refugio y la lucha colectiva
Durante el proceso, la angustia no solo golpeó a Gabriel, sino también a los abuelos de Isabella, quienes debieron iniciar su propio expediente en el lento Tribunal de Familia N° 9 para intentar ver a su nieta. Para canalizar el dolor y la impotencia, Gabriel volcó su experiencia en las páginas de un libro titulado “Si no te hubiera conocido”, donde desglosa el impacto emocional de este proceso.
Lejos de quedarse de brazos cruzados, el docente se transformó en un activo militante contra el flagelo de las denuncias falsas que obstruyen los vínculos parentales. Encabezó movilizaciones, envió cerca de 90 cartas a distintos organismos solicitando ayuda y tejió redes de apoyo con figuras públicas de la temática, como Gabriela Arias Uriburu. Actualmente, acompaña activamente el proyecto de ley que busca agravar las penas para quienes utilicen falsas acusaciones como herramientas de revancha personal.
“Nadie está exento de que te denuncien y te arruinen la vida. Hay mucha gente que está presa de forma legítima, pero hay otra tanta que está tras las rejas por mentiras”, advierte. Con el fallo penal firme bajo el brazo, Gabriel Wekkesser inicia ahora un nuevo y esperado camino en la justicia de familia: el de volver a abrazar a Isabella, la hija a la que nunca dejó de buscar.
