El grito de una madre en Avellaneda: cuando el garantismo abandona a los hijos en el abismo de la droga
El drama de la inseguridad y el narcotráfico en el Conurbano bonaerense suele medirse en frías estadísticas, pero detrás de los números hay historias desgarradoras que desnudan la inoperancia de ciertos sectores del Estado. En Avellaneda, una vecina de bien, trabajadora de clase media, refleja el calvario de cientos de familias que criaron a sus hijos con amor y valores, pero que terminaron perdiéndolos ante el avance impune de la droga y la desprotección judicial.
Se trata de Azul, una madre de la zona sur que desde hace tres años transita una lucha desesperada en absoluta vulnerabilidad. Su hijo menor comenzó con problemas de adicción a los 13 años; hoy tiene 16. Lo que empezó como conductas disruptivas en el colegio escaló rápidamente hacia el consumo de estupefacientes de pésima calidad en asentamientos de la zona y, posteriormente, a la delincuencia.
“Esto fue in crescendo cada vez más y la respuesta del Estado es cada vez menos. Como madre estoy desesperada, no sé ya cómo abordarlo. Es luchar contra molinos de viento”, relata Azul, exponiendo un vacío legal y asistencial que parece insalvable.
El fracaso de las “políticas blandas”
La odisea de esta familia expone de manera cruda el fracaso del denominado sistema de “reducción de daños”, una corriente abrazada por ciertos sectores políticos bajo un doble discurso progresista. En lugar de rescatar a los menores con medidas firmes, estos mecanismos terminan siendo funcionales al deterioro del adicto.
A través de una medida precautoria, la justicia otorgó a Azul como herramientas el Hospital de Agudos Fiorito y el seguimiento de un equipo de prevención de niñez. Sin embargo, el criterio médico-clínico y de salud mental —que exigía la internación del menor en una comunidad terapéutica— fue pasado por alto. Un equipo de asistencia social determinó de manera insólita que el adolescente estaba apto para un “tratamiento ambulatorio”.
“Utilizan mecanismos blandos y esto del tema de reducción de daños, que es una vergüenza. Lo que hace es al chico darle herramientas como para seguir delinquiendo y seguir drogándose”, denuncia la madre con indignación.
El resultado de esta impericia estatal estaba anunciado: a los tres días de ser externado, el joven se dio a la fuga. No era la primera vez; ya había estado desaparecido durante siete meses e incluso sufrió un grave accidente en situación de robo donde casi pierde un brazo, escapándose luego del hospital. Hoy, el menor se encuentra nuevamente prófugo de su hogar y el tratamiento quedó en foja cero.
La Policía en su lugar y el terror del día a día
Es necesario destacar que en este complejo entramado, la Policía Bonaerense cumple de manera responsable con su tarea de prevención y aprehensión cada vez que el menor comete un ilícito. Sin embargo, el laberinto administrativo judicial posterior excede sus facultades. Recientemente, Azul tomó conocimiento de que su hijo cometió un nuevo delito y fue alojado en la Comisaría 5ta de Wilde, donde el personal policial actuó de acuerdo a los protocolos de rigor.
A todo o nada en Avellaneda: la última oportunidad para rescatar a un menor de las garras de la droga y la delicuencia.
La realidad diaria para esta familia honesta es una pesadilla constante que destruye la salud mental de cualquier hogar, sintetizada en el terror más profundo que puede sentir una mamá:
“El día a día es terrible. Es pensar todas las noches si en cualquier momento suena la puerta. El Estado me tiene que ayudar, tengo miedo de encontrar a mi hijo en una bolsa negra por la adicción o por las balas”.
Una red social para salvar una vida
Este caso límite demuestra que existen instancias donde ya no hay margen para la tibieza ni para las discusiones ideológicas de escritorio: es a todo o nada, la vida o la muerte. Por este motivo, frente al grito desesperado de Azul, hoy se está gestando un movimiento de compromiso social sin precedentes en la región.
Azul lleva a todos lados su cruz de la comunidad “Jesus Pan de Vida” , es muy creyente, mujer de fé. “Es lo que me mantiene en pie, aun en los peores días, en las noches mas oscuras, me abre caminos, me envía gente de luz que abren caminos, Jesus el ilumina mi camino, no me deja sola”.
Caso Azul: la Iglesia, la Justicia y el periodismo local se unen para salvar a un joven de la droga
Más allá de las falencias burocráticas previas, la buena predisposición y el trabajo articulado de la Iglesia Católica, organismos de derechos humanos, funcionarios públicos, integrantes del Poder Judicial y el periodismo local están uniendo fuerzas en este caso puntual. No se trata de buscar culpables, sino de activar de forma urgente una red de contención real para darle a este joven la última oportunidad a la vida. Como sociedad y como comunicadores, el compromiso debe ser rescatar a los jóvenes de las garras de la droga, impidiendo que el desamparo termine de ganarle la batalla a una familia trabajadora.

