Lo que comenzó como una protesta desesperada por parte de casi 50 trabajadores en el Parque Industrial de Quilmes (ex Batallón Viejo Bueno, en Bernal) terminó con la represión policial de la Comisaría 7ma, el desalojo del predio y una represalia patronal inmediata: al día siguiente, la empresa Rowing S.A. despidió sin excusas a los 8 trabajadores que encabezaron el reclamo y denuncian que hay un listado de 11 trabajadores que seran despedidos antes del 1 de noviembre..
Pero la historia de precarización, amenazas y explotación en la contratista directa de Edesur no es nueva. Es un sistema aceitado de despojo laboral que tiene a los trabajadores en el medio, a una patronal que se enriquece con los contratos del Estado y a una conducción gremial que, según los propios empleados, los vende al mejor postor.
La matemática de la esclavitud moderna
La realidad que viven los operarios de Rowing, encargados del mantenimiento de redes, guardias de reclamo y medidores para Edesur, es una estafa laboral avalada por el papel.
En la voz de los propios trabajadores: “Trabajamos 10 horas diarias, pero en el recibo quincenal figuran 40 horas. Trabajamos sábados, domingos y feriados, y tampoco nos pagan ni al 25, ni al 50, ni al 100%. Nosotros tenemos una quincena de $320.000, pero se trabaja a producción. Si te queda para cobrar producción, se descuenta el combustible, las quincenas… y si no, le quedás debiendo a la empresa”.
La perversión del sistema llega a límites absurdos. No solo los obligan a poner sus propios vehículos y pagar el combustible, sino que la empresa inventa “multas” que les descuenta del salario. “Supuestamente se las da Edesur, pero a nosotros no nos dan ningún justificativo. El equivalente a 200 litros de gasoil es la multa que nos descuentan de los sueldos”, relatan.
La complicidad sindical: “Olmedo nos vendió”
Las acusaciones no son solo contra la patronal, sino también contra quienes deberían defenderlos. A través de un video, los trabajadores fueron categóricos: “Nos echan por pedir mejoras salariales y exigir que se cumpla la ley. La empresa trae el sindicato UOCRA representado por Juan Olmedo. Él arregla con ellos para que a nosotros no paremos… No tiran para el empleado, tiran para la empresa, arreglan directamente para que no vayamos a hacer un paro”.
La situación es doblemente perversa porque a estos trabajadores se les aplica el convenio de la construcción (UOCRA) cuando realizan tareas de la rama eléctrica (Luz y Fuerza). Al no tener el encuadre correcto, no solo ganan menos, sino que quedan sin la protección de seguridad e higiene que exige el sector.
Los antecedentes son trágicos. En septiembre de 2018, un operario de Rowing murió en Bernal Oeste cuando se desplomó la columna de cemento que estaba manipulando. Desde el Sindicato de Luz y Fuerza advirtieron en ese momento que la columna estaba quebrada y que la empresa contratista no garantizaba la idoneidad ni la capacitación. La respuesta de Edesur y Rowing fue ofrecer retiros voluntarios.
El verdadero negocio detrás de la precarización
¿Por qué una empresa permite semejante nivel de explotación? Porque el negocio es gigante. Rowing S.A. no es un taller de barrio. Fue fundada en 1996 por Walter Román y cuenta con más de 3.600 empleados. Opera bajo el paraguas del Grupo Román, con presencia en energía, gas, agua y telecomunicaciones.
El verdadero tamaño de esta corporación quedó al descubierto recientemente en dos maniobras clave:
La privatización del agua: Rowing encabezó un consorcio que ofertó más de 340 millones de dólares por el 90% de AySA.
El negocio de la energía: El Estado nacional, a través de la licitación AlmaGBA, le adjudicó a Rowing proyectos de almacenamiento de energía con baterías por decenas de megavatios en el área de Edesur
Mientras la empresa maneja contratos millonarios en dólares con el Estado y se posiciona como un jugador central de la infraestructura crítica, los trabajadores que hacen funcionar esa misma infraestructura ponen sus vehículos, se compran sus propios elementos de seguridad y ganan salarios que terminan debiendo a la empresa.
La represión como respuesta
El desenlace de esta semana es la postal de un modelo agotado. Casi 50 trabajadores intentaron visibilizar su realidad tomando el predio. La respuesta del Estado fue la infantería de la Comisaría 7ma. La respuesta de la patronal fue el despido de los seis delegados y referentes.
La precarización no es un error de cálculo de una empresa. Es la lógica de un sistema que terceriza los servicios públicos para abaratar costos, maximizar ganancias y romper la organización sindical. Con la complicidad de burocracias gremiales que miran para otro lado y gobiernos que permiten que las patronales hagan su fiesta, los trabajadores de Rowing demuestran que la única manera de frenar el abuso es la organización y la denuncia pública.
Hoy son seis despedidos en Quilmes. Mañana, si nadie lo frena, será el resto.
La lucha de los trabajadores de Rowing no termina en las puertas del Parque Industrial. Tras la represión y los despidos, los empleados redoblaron la apuesta y lanzaron una convocatoria urgente y masiva en Quilmes, Florencio Varela y Berazategui para exigir la reincorporación inmediata de los 8 compañeros despedidos por reclamar condiciones laborales dignas. Con el respaldo de organizaciones barriales, familiares y legisladores nacionales que siguen de cerca el conflicto, el mensaje es un ultimátum al poder político y empresarial: “¡Basta de atropellos patronales! ¡Basta de despidos injustos!”. Porque acá no se está discutiendo un error administrativo, sino el derecho básico de un trabajador a no ser extorsionado por exigir un sueldo digno y mejoras en su laburo.
