Retrato de una Artista: La Naturaleza que Nos Abraza
El Centro Cultural Patas Arriba, ubicado en Bransen 1517, se convierte en el escenario de una experiencia sensorial única que desafía los límites de la zona sur. Cristina Vázquez, una vecina de toda la vida nacida en Crucecita Este en 1962, e hija de inmigrantes de una tierra donde la vida se conjuga con el paisaje, presenta su nueva muestra individual en el espacio Espartaco de la institución. Tras dedicar la mayor parte de su vida a su profesión en el ámbito de la salud como técnica en prácticas cardiológicas, la jubilación le ha otorgado finalmente el tiempo y la libertad para volcarse por completo a su verdadera pasión: las artes plásticas. Su sólida formación académica incluye haberse graduado en el Instituto Municipal de Artes Plásticas de Avellaneda (2008) y una extensa participación entre 2008 y 2022 en el Taller de Arte Mural del maestro Andrés Bestard, demostrando con su presente que los tiempos del espíritu no se rigen por el almanaque.

La propuesta artística de Cristina, coordinada en esta oportunidad por la curadora Cora Pelman, no busca la mera contemplación pasiva, sino una inmersión absoluta del espectador dentro de los entornos naturales que plasma con devoción. La muestra, titulada con profunda elocuencia “El paisaje pertenece a quien lo mira”, reúne una serie de obras minuciosamente trabajadas que capturan la majestuosidad de distintas geografías que intentan ir más allá de la imagen misma como registro. En palabras de la propia autora, respaldadas por el texto de sala que invita a transitar una dimensión íntima, el propósito fundamental de exhibir estas piezas de dimensiones imponentes radica en un lazo íntimo y envolvente con el público: «…fue hecho con la idea de que la gente pueda observar un paisaje y no solo mirarse, sino que sienta que el paisaje lo abraza, lo envuelve, ¿sí? Como que forma parte del, está dentro del paisaje».

La técnica de la pintora es una manifestación física de los entornos que retrata, recurriendo a elementos diversos que otorgan un espesor único a la materia para que el lienzo adquiera la tridimensionalidad de la geografía misma. Su paleta de colores predilectos celebra la vida a través del verde de la vegetación, el celeste del firmamento y el amarillo solar, pero es en la incorporación de materiales naturales donde su estilo se vuelve único, visceral y capaz de evocar sonidos ocultos. Al prescindir de los métodos tradicionales planos, la creadora infunde relieve a cada trazo utilizando mica, polvo de tiza y pigmentos minerales para que la superficie adquiera una cualidad táctil e inolvidable: «…trabajo con relieve, con materiales nobles como la arena y la marmolina para dar textura, para poder sentir la rugosidad del paisaje, la dureza de las piedras, por ejemplo, o la consistencia de los hielos. Y el color lo trabajo con ferrites, que el ferrite es un pigmento mineral en polvo que es a base de óxido de hierro».

Cada una de las piezas exhibidas cuenta con el respaldo de una trayectoria que ya ha sido reconocida en prestigiosos espacios como la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, la Facultad de Derecho de la UBA, el Colegio de Abogados de Avellaneda-Lanús y la UTN Regional Avellaneda. Asimismo, el talento de Vázquez viene avalado por distinciones oficiales, entre las que destacan el Primer Premio de Pintura en el 36° Salón Anual de la Asociación Gente de Arte de Avellaneda (2013) y menciones en dibujo en el Teatro Roma. Respecto a la constante evolución de su técnica y a los motivos que la impulsan a retocar sus cuadros, Cristina explica su búsqueda de la perfección visual y lumínica: «…cuando quiero modificar un cuadro es porque lo quiero perfeccionar en lo que yo considero este en técnica claro. Después no, la esencia del cuadro es lo que quisiste decir, es lo que quisiste plantear, pero bueno por ahí uno lo quiere perfeccionar en cuanto a la luz, a que llame más la atención por por el tema de la luz».

Lejos de perseguir un deseo vanidoso de posteridad o de sumarse a la idea de que los creadores pintan únicamente para alcanzar una mística inmortalidad, Cristina concibe su quehacer como un canal puro de orden, sanación y transmisión de vivencias internas. El arte funciona en su rutina diaria como una herramienta de introspección capaz de comunicar realidades complejas sin necesidad de emitir un solo sonido articulado, logrando que las emociones y las vibraciones entren en una danza compartida con el espectador. Para ella, los paisajes reflejan estados de ánimo iniciales y proyectos luminosos concebidos para conmover y hacer vibrar al observador frente a la fuerza imponente de la naturaleza: «…el arte sana, el arte cura, el arte te ordena, te trae mucha paz, te lleva a tu interior que es muy importante. Este sí claro que sí, y aparte te permite desarrollarte, te permite abrirte, te permite demostrar o exponer lo que vos sentís de la manera que vos querés y decir sin palabras un montón de cosas».
La exposición permanecerá abierta al público con entrada libre y gratuita hasta el próximo 7 de agosto inclusive, desarrollándose principalmente durante los horarios de la tarde en las instalaciones del centro cultural de su barrio. Mientras disfruta de este presente de reencuentro con su comunidad, la artista ya se encuentra planificando activamente su próximo gran proyecto, inspirado en las infinitas texturas, contrastes y vibraciones de las montañas que descubrió en su reciente viaje por el Norte argentino, visitando Salta y Jujuy. Al concluir el encuentro, Cristina extiende una cálida invitación a los vecinos para que se acerquen a vivenciar la muestra con una actitud de entrega absoluta y sensorial: «…me encantaría que vengan, espero que les guste. La idea es que vean como dije al principio, ¿no? Que al mirar estos cuadros puedan sentirse dejarse dejarse abrazar por el cuadro, sentirse dentro del cuadro, a su vez escucharlos ¿no? Observarlos y tocarlo con los ojos».
