En cada esquina de nuestro barrio siempre hay una historia que viaja sobre cuatro ruedas. Esta vez, desde “La Voz del Vecino” nos sentamos a charlar con Leónidas Contsomanolaki, un laburante del volante que, arriba de su fiel chata, recorre las calles uniendo destinos, cargando ilusiones y, a veces, también atajando algún que otro drama familiar.

Entre mate y mate, Leónidas nos abrió las puertas de su cabina para contarnos cómo es el día a día de un oficio tan noble como el de fletero, donde cada viaje es un mundo.

Un oficio de herencia y una máquina que nunca falla

Aunque el servicio de fletes como tal lo arrancaron hace poco tiempo, la pasión por el asfalto no es ninguna novedad para ellos: “Siempre estuvimos vinculados al rubro del transporte y la logística”, nos cuenta Leónidas, dejando en claro que el oficio lo llevan en la sangre.

Para este laburo no se puede andar con vueltas, y el gran orgullo de la casa es la camioneta. Lejos de los plásticos modernos, su chata es de las de antes: robusta, aguantadora y con alma. “La camioneta es una máquina. Nunca nos dejó tirados”, asegura con el pecho inflado. Y no es para menos, porque este tanque de batalla tiene capacidad para cargar hasta una tonelada, lo que les permite transportar desde el electrodoméstico más delicado hasta una mudanza pesada de muebles y mercadería sin despeinarse.

De las diagonales al mar: las zonas y el viaje más largo

Si bien el fuerte de su laburo diario se concentra en recorrer las calles de CABA, Zona Sur, Zona Oeste y Zona Norte, el mapa no los asusta. Cuando el cliente lo necesita, la chata enfila para la ruta y sale viaje al interior.

Al preguntarle por la aventura más lejana que les tocó encarar, Leónidas sonríe y recuerda el Atlántico: “El viaje más largo que hicimos fue a Mar del Plata. Fue un viaje largo, pero entre mates y risas pasó rápido. La verdad, fue una muy buena experiencia”.

Crónicas de mudanzas: el sillón de la discordia

El fletero no solo transporta objetos; muchas veces se convierte en un testigo silencioso de los cambios de la vida. Ante la consulta de si el bolsillo o el desamor mueven el trabajo, Leónidas confirma una realidad que se palpa en el aire: “Sí, se nota un poco más el movimiento de mudanzas por separaciones. Nos ha tocado hacer alguna que otra”.

Y como todo buen observador de la realidad barrial, guarda anécdotas que pintan de cuerpo entero la condición humana:

“Recuerdo una vez que nos contrataron para una mudanza y recién cuando llegamos nos enteramos de que era una separación. Lo más curioso fue que los dos querían llevarse el mismo sillón. Mientras cargábamos las cosas, discutían amistosamente sobre quién se lo quedaba. Al final llegaron a un acuerdo y terminaron riéndose. Por suerte, la mudanza terminó en buenos términos y nosotros hicimos dos viajes en lugar de uno.”

Un servicio a la medida de cada vecino

En tiempos donde cuidar el mango es clave, el presupuesto tiene que ser transparente y accesible. Leónidas nos explica que no tienen una tarifa fija y rígida, sino que buscan la solución que mejor le calce al bolsillo del cliente: “El precio depende de varios factores: la distancia, la cantidad de muebles o mercadería, el tiempo de trabajo y si hace falta ayudante. Hacemos presupuestos personalizados para cada viaje”.

Además, la chata no solo se mueve por grandes mudanzas completas. Se adaptaron a los nuevos tiempos del comercio electrónico y salvan las papas con los mini fletes. ¿Te compraste una mesa usada? ¿Tenés que entregar un paquete? Ellos te lo solucionan:

  • Mini fletes y repartos rápidos: Paquetes de Mercado Pago, Mercado Libre y compras de Marketplace.
  • Cargas pequeñas y medianas: Electrodomésticos, muebles sueltos y todo tipo de bultos.
  • Viajes de larga distancia: Mudanzas completas y traslados al interior.

Si estás por mudarte, si compraste algo y no sabés cómo llevarlo, o si simplemente necesitás la confianza de alguien del barrio que cuide tus cosas como si fueran propias, Leónidas Contsomanolaki y su máquina están listos para salir a la ruta.

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