Tras perder a su hija Ailén de 23 años por cáncer de cuello uterino durante la pandemia, el vecino y empleado municipal de Avellaneda impulsa una campaña nacional de prevención del HPV. Pese al abandono de las autoridades locales tras sacarse una foto para las redes sociales, Alejandro lleva adelante un legado solidario que heredó de su madre.

El golpe más duro y la promesa de estar de pie

Ailén nació el 9 de abril de 1997 en Avellaneda. Tras la separación de sus padres a los nueve meses de vida, creció al lado de su papá, Alejandro Pereyra. Juntos construyeron un vínculo indestructible bajo una frase que se transformó en lema de vida: “Padres e hijos contra el mundo”. Fanática de Independiente, amante de las milanesas con papas fritas y de la música, Ailén era el alma de la familia. Con la llegada de Paola, la esposa de Alejandro, y de su pequeña hermana Milagros (hoy de 10 años), el hogar se consolidó en un amor incondicional donde Ailén asumió un rol casi maternal con la más pequeña.

Sin embargo, a los 23 años y en pleno aislamiento por la pandemia de COVID-19, la vida de la familia cambió para siempre. Tras enfrentar hospitales abarrotados y serias dificultades para conseguir turnos, a Ailén le diagnosticaron cáncer de cuello uterino. Sin la posibilidad de realizar quimioterapia debido a sus bajas defensas y tras seis meses de dar batalla con radioterapia, su cuerpo dijo basta. Fue 1.30 AM del 24 de Diciembre de del 2020 en el Hospital Peron de Sarandi.

“La forma que encontré de salir adelante fue por mi hija Milagros, mis sobrinas, mi hermana, mi esposa y mis amigas. No podía quedarme de brazos cruzados sabiendo que no hay campañas ejemplares. Decidí transformar la pérdida en conciencia”, expresa Alejandro.

Trabas, silencio y el uso político en Avellaneda

Decidido a que ninguna otra familia pase por el mismo infierno, Pereyra comenzó a estudiar de forma autodidacta sobre el Virus del Papiloma Humano (HPV), sus formas de contagio y prevención. Creó la página “Contra el Cáncer de Cuello Uterino – A la memoria de Ailén” y empezó a dar charlas en escuelas, clubes de barrio y plazas.

Con el apoyo de la concejala Melina Expósito, Alejandro logró que el Concejo Deliberante de Avellaneda aprobara un proyecto de ordenanza para llevar adelante una campaña municipal de concientización. La iniciativa lo llevó a reunirse con el intendente Jorge Ferraresi y su esposa, Magdalena Sierra, quienes prometieron acompañarlo e incluso publicaron una foto en redes sociales anunciando el avance de la campaña junto a Alejandro.

Sin embargo, la promesa quedó en la nada. “Me dijeron ‘Alejandro, ya no estás más solo, te vamos a ayudar’. Me cansé de mandarle mensajes a Virginia Argañaraz, responsable de la Secretaría de Salud, para diagramar la campaña y nunca me los contestó. Sentí que me usaron para la foto y me dolió en el alma. Como papá les dije que no quería un puesto político, solo quería salvar vidas a través de una campaña en la ciudad donde nació mi hija”, denuncia con profundo dolor.

Una lucha que traspasa fronteras y el legado en la sangre

A pesar del abandono oficial y de los ataques de sectores que cuestionaron su labor por no ser médico, la causa de Alejandro cobró alcance nacional e internacional. Su proyecto ingresó al Senado de la Nación, disertó en los salones Eva Perón e Illia del Congreso, participó en el Congreso Argentino e Internacional de Oncología Medicinal y brindó conferencias para consulados en Chile. Además, reconocidas actrices como Patricia Palmer y Adriana Salgueiro sumaron su apoyo audiovisual para exigir la aprobación de una ley de concientización.

Esta vocación de servicio no es casualidad. Alejandro es hijo de Luisa, recordada en el barrio como “La Turca” de Rancho Grande, quien en 1983 fundó un comedor comunitario cerca de la Escuela 10 para ayudar a los más necesitados. Hoy, Alejandro continúa con ese legado humanitario sirviendo almuerzos los días miércoles, jueves y viernes en la calle Pedro Goyena, entre La Flores y Martín Fierro, manteniendo viva la solidaridad familiar a pesar de la escasa ayuda municipal.

“A mi hija la tengo en el corazón y sigo de pie por ella. Cada charla, cada nota y cada granito de arena que pongo es para que los chicos y los padres entiendan la importancia de cuidarse y prevenir. Mi lucha es todos los días”, concluye Alejandro.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

81 + = 82
Powered by MathCaptcha