El periodismo de Avellaneda está de luto: falleció Néstor Santos, el histórico director de Diario La Calle

Heredero de un legado que transformó la prensa local de la zona sur, resistió atentados y amenazas en defensa de los vecinos y de una línea editorial independiente.

La prensa regional de Avellaneda despide a uno de sus últimos grandes bastiones de tinta y resistencia. En las últimas horas se confirmó el fallecimiento de Néstor Luis Santos, director y alma mater del emblemático Diario La Calle, el matutino vecinal que durante más de siete décadas fue el pulso informativo del partido. Con su partida, se cierra un capítulo dorado de la prensa gráfica independiente de la zona sur.

Un párrafo aparte merece su impronta, en la ya mitica seccion “ha trascendido”, utilizando como principal herramienta el estricto “Off”, generando polemicas y dando primicias año tras años.

Néstor Santos no solo heredó un oficio, sino un compromiso inquebrantable con la comunidad. El periódico había sido fundado por su padre, Don Adrián Alciro Santos, el 20 de diciembre de 1946. Bajo la dirección de Néstor, las oficinas y talleres de la Avenida Belgrano 755 se convirtieron en un verdadero “puente” entre las demandas de los ciudadanos y las respuestas de las autoridades. En una Avellaneda donde los grandes debates se polarizaban entre las páginas de La Libertad (de corte radical) y La Opinión (de tendencia conservadora), Santos supo edificar para La Calle un perfil estrictamente independiente, con los ojos y los oídos puestos exclusivamente en el barrio.

Esa vocación de servicio llevó al diario a un logro descomunal en el ámbito de los medios de proximidad: sostener una salida diaria e ininterrumpida en formato papel por más de 70 años, antes de dar el salto definitivo hacia las plataformas digitales y las redes sociales para continuar vigentes junto a las nuevas generaciones.

Sin embargo, hacer periodismo de verdad en el conurbano bonaerense tuvo un costo altísimo para Néstor Santos. Su obsesión por cubrir las problemáticas de fondo, la inseguridad y las redes de venta de drogas en las plazas y esquinas de Avellaneda incomodó a los sectores más oscuros. La historia de La Calle es también la historia de la resistencia de su director: desde ráfagas de ametralladora que perforaron sus persianas en los años 70, pasando por ataques con bombas de alquitrán y un intento de incendio intencional en su edificio en la década del 90, avalado y repudiado en su momento por la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA).

Muchos recuerdan aún aquella mañana en la que la redacción amaneció con una pintada amenazante a lo ancho de su fachada: “Santos, sos boleta. Santos pará de hablar”. Pero Néstor nunca dejó de hablar. Su pluma y sus rotativas siguieron funcionando con la misma firmeza, convencido de que el periodismo solo tiene sentido si defiende a la gente común.

Trabajador incansable, en los últimos años continuó empujando el diario familiar con el mismo orgullo, delegando la continuidad de la gestión en su hija Marcela Santos. Su fallecimiento cala hondo en las instituciones, colegas y vecinos que encontraron en sus páginas un refugio para la verdad. Avellaneda pierde a un cronista indispensable de su historia contemporánea, a un hombre valiente que honró la libertad de expresión desde la primera hasta la última página.

Acompañamos a su familia, a sus colegas y a todo el equipo de Diario La Calle en este momento de profundo dolor. Su legado seguirá vivo cada vez que un vecino de Avellaneda exija ser escuchado.

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