El agresor, identificado como Elías Díaz, se presentó luego en la base policial en aparente estado de ebriedad y estaría bajo efectos de estupefacientes, por lo que Tránsito le secuestró la camioneta. La familia de la víctima denuncia graves secuelas físicas, daños psicológicos e intentos de soborno por parte del entorno del atacante para que retiren la denuncia.
WILDE / MONTE CHINGOLO – Un gravísimo hecho de violencia e impunidad sacude a la localidad de Wilde, partido de Avellaneda. Un adolescente de 15 años, fue víctima de una feroz agresión física y psicológica por parte de un hombre mayor de edad, identificado como Elías Díaz, quien se encontraba presuntamente alcoholizado y supuestamente según testigos “bajo el efecto de sustancias”.
El dramático episodio ocurrió el pasado domingo por la madrugada, cerca de las 05:40 horas, en una vivienda ubicada en la calle Echeverría al 2100, en Wilde, donde se celebraba el cumpleaños de una compañera de escuela del menor. Según consta en la denuncia policial y en el desesperado relato de Romina, madre de la víctima, el ataque se inició dentro de la propiedad y culminó de forma terrorífica en la vía pública.
Una madrugada de terror
De acuerdo con el testimonio de la madre del menor, el agresor trabaja en un bar y es el padre de la cumpleañera. La madre de la joven se había retirado de la casa cerca de las 04:00 de la mañana, momento tras el cual quedó a cargo Díaz. En un contexto donde todos los asistentes eran menores de edad, el hombre comenzó a hablar e interactuar de forma sumamente hostil y verborrágica.
Sin motivo aparente, la situación escaló hacia la violencia física pura: Díaz tomó al menor, lo empujó violentamente haciendo que golpeara su cabeza contra la pared y comenzó a golpearlo. El punto máximo de terror ocurrió segundos después, cuando el agresor extrajo de entre sus pertenencias una pistola de color gris, colocándola directamente en el pecho del adolescente de 15 años.
“Le dio la cabeza contra la pared, le pegó. Le pegó y bueno, y el tema ese que le puso la pistola en el pecho. Mi hijo tuvo que venir corriendo desde allá hasta acá (siete cuadras) porque tenía miedo de que el tipo saliera a correrlo a los tiros, porque el tipo fue a buscar el arma”, relató Romina con profunda angustia.
Conducción peligrosa y retención vehicular
Tras la agresión, el comportamiento de Elías Díaz continuó rozando la locura. El propio imputado se subió a su camioneta particular y se desplazó hacia el centro de monitoreo de Wilde (ubicado al lado del ANSES, base operativa de la Policía Local), encontrándose en un estado de total alteración por el consumo de alcohol y drogas. Para mayor alarma de las autoridades, en el vehículo trasladaba a otro menor de 16 años, amigo de su hija.
Ante la flagrancia de la situación, el personal de la Dirección de Tránsito intervino de inmediato y le secuestró la camioneta ya que habria dado positivo en el control de alcoholemia y estupefacientes. Pese a la gravedad extrema de los hechos y a la incautación del rodado, la familia denuncia con preocupación la lentitud de la justicia, ya que aún no formalizó las citaciones correspondientes de esta semana.
Secuelas médicas e intentos de soborno
El impacto del ataque dejó severas consecuencias en la salud del menor. Inicialmente, el chico recibió atención médica de urgencia en la Unidad Sanitaria (Salita) Natiello, ubicada en Monte Chingolo (Lanús). Debido a que el adolescente sufre de fuertes y recurrentes mareos por los impactos recibidos en el cráneo, su familia confirmó que continuarán con exámenes neurológicos más profundos para descartar cualquier tipo de lesión interna o traumatismo severo.
En el plano de la salud mental, su pediatra de cabecera ordenó una derivación urgente a tratamiento psicológico debido a un cuadro agudo de ansiedad, pánico y estrés postraumático derivado de haber tenido un arma de fuego apoyada en el pecho.
La defensa legal de la familia ya se encuentra articulando las medidas necesarias para exigir una restricción perimetral y de acercamiento urgente, dado que el agresor reside a tan solo siete cuadras de la vivienda de la víctima.

