Lo que comenzó como el impulso solitario de una vecina en diciembre de 2025 se transformó en un equipo comprometido que desafía la indiferencia, trepa paredones y limpia el abandono en la estación.
Hay historias que nacen de la simple empatía y terminan transformando realidades. En diciembre de 2025, volviendo de su trabajo, una vecina de Wilde vio una escena que le partió el corazón: una gata buscaba desesperadamente comida en medio de las vías del tren. Conmovida, corrió a su casa, armó una vianda con el alimento de su propia mascota y regresó. Al llegar, descubrió que no era una, sino cinco las vidas que dependían de un milagro.

Durante meses caminó sola el andén cargando bolsas de comida, difundiendo en redes sin obtener respuesta, hasta que las vacaciones de febrero plantearon un dilema: ¿quién les daría de comer si ella se iba? El pedido de auxilio en Facebook fue el imán. Sandra Ferrante, Priscila Tornadore, Débora Ramírez y Agustina se unieron a través de la pantalla por un amor incondicional hacia los animales. Hoy, son las guardianas de la Estación de Wilde.
Sin capa ni título, pero con un compromiso inquebrantable
Ninguna de las cuatro es veterinaria ni trabaja en el rubro, pero las ganas de ayudar suplieron la falta de títulos. Con el tiempo sumaron aliadas clave, como una profesora de pilates muy metida en el rescate felino que las asesora en procesos de adaptación y castración.
“Tratamos de buscar ayuda con gente conocida que sabe y se especializa en esto. Gracias a ellos aprendimos un montón de cosas”, relatan con humildad, demostrando que para salvar una vida solo se necesita voluntad.
Historias de rescates extremos: del paredón a un sillón calentito

El trabajo de este grupo no se limita a dejar un plato de comida. Estas amigas le ponen el cuerpo a situaciones de verdadero riesgo. Uno de sus rescates más recordados es el de Alex, un gato atrapado en el interior de un paredón alto en la estación:
- El rescate: Tuvieron que trepar una estructura peligrosa para lograr sacarlo de su trampa de cemento.
- La atención: Lo trasladaron de urgencia a la veterinaria para asegurarse de que estuviera bien (donde descubrieron que ya estaba castrado).
- El final feliz: Una de las integrantes del grupo lo cobijó en tránsito y hoy Alex vive con una familia definitiva, rodeado de hermanos perros y gatos, en perfectas condiciones.
Además de los felinos de las vías, el grupo descubrió y rescató a tres gatitos que vivían sumergidos en una alcantarilla del barrio, logrando darlos a todos en adopción responsable. Su amor no tiene fronteras de especie: también asisten a los perros desnutridos de la zona comprando y acopiando alimento para tener siempre a mano cuando encuentran uno en la calle.
La dura realidad: billeteras vacías y falta de limpieza municipal
Sostener esta obra no es fácil. Al principio, el 100% de los gastos en alimento, traslados en Uber y atención médica salía exclusivamente de los bolsillos de estas cuatro amigas. Aunque no reciben subsidios oficiales ni asistencia directa de Zoonosis del municipio, logran castrar gracias a que su mentora (la profesora de pilates) tiene contactos en el área que les permiten llevar animales cuando surgen emergencias.
El grupo señala una problemática urgente que excede lo animal: el estado de abandono de la Estación de Wilde. “La municipalidad tendría que ir a limpiar porque es una mugre, esa es la realidad”, denuncian, remarcando que el foco de basura no solo afecta a los animales, sino a todos los vecinos que transitan la zona diariamente.

Contra la cultura del descarte: considerarlos familia
Para Sandra, Priscila, Débora y Agustina, las mascotas no son simples animales: son un miembro más de la familia (en sus casas las esperan sus propios compañeros, como Chucky, un gato de 5 años).
Al analizar la alarmante cantidad de animales abandonados en Wilde, son tajantes:
“Lamentablemente la gente no tiene un poquito de conciencia de que son vidas. La gente tira y tira animales como si fueran basura. Y hay mucha gente que mira para un costado y no le importa directamente nada”.
Por eso, el seguimiento de cada adopción es estricto. Guardan el registro del antes y el después de cada rescatado como un trofeo de la vida que lograron cambiar.
El sueño de la ONG propia
Actualmente, el grupo no cuenta con un refugio ni un espacio físico. Se organizan minuto a minuto a través de un grupo de WhatsApp, se encuentran en la estación para repartirse las bolsas de alimento o para salir juntas a pegar carteles de concientización por el barrio.
Sin embargo, el compromiso es tan alto que el futuro ya tiene norte: ante la pregunta de si formarían una ONG, responden con los ojos brillantes que el día de mañana, si se presenta la oportunidad de tener un lugar físico, todas firmarían para hacerlo realidad. El corazón ya lo tienen; solo falta el espacio.
¿Cómo ayudar a las guardianas de Wilde?
El grupo no se detiene y hoy sumó a tres voluntarias más que ayudan a repartir la comida, pero los insumos nunca alcanzan. Si querés donar alimento (para gatos o perros), dinero para consultas veterinarias o postularte como hogar de tránsito, podés comunicarte directamente con ellas a través de sus redes sociales.
INSTAGRAM: @gatos.wilde
