En un hecho sin precedentes, la Iglesia Católica y diversos credos ingresaron por primera vez de forma oficial al ex Centro Clandestino de Detención “El Infierno” en Avellaneda. Un encuentro de fe, memoria y justicia para bendecir un espacio marcado por el dolor y reafirmar, más que nunca, el Nunca Más.
Por Marcelo Brunwald
Fotos y videos Angeles Frezza
AVELLANEDA, 24 DE MARZO DE 2026. Hay lugares donde el silencio todavía grita. Uno de ellos es el ex CCDTyE “El Infierno”, ubicado en pleno centro de Avellaneda. Sin embargo, este 24 de marzo, al cumplirse 50 años del golpe de Estado, el silencio fue reemplazado por la oración, el diálogo y un compromiso histórico: la luz de la fe entró, finalmente, en las celdas donde reinó la oscuridad.

El origen de un encuentro histórico
Esta visita oficial no fue casual. Fue el fruto de un proceso iniciado el año pasado, cuando el Obispo Maxi Magni recibió al Secretario de Derechos Humanos de Avellaneda. Aquella reunión germinó en la iniciativa de que la Pastoral Social desembarcara en este sitio emblemático, marcando un hito en la relación entre la Iglesia local y los espacios de memoria.

Relatos entre muros: Goles de Racing y “Ta-Te-Ti” de pan
Durante la jornada, el aire se espesó con los relatos de quienes sobrevivieron al horror. Historias que hoy, a medio siglo, siguen estremeciendo:
- El oído como brújula: Se recordó el testimonio de un detenido que lograba orientarse y saber que estaba en Avellaneda al escuchar los goles en la cancha de Racing o el sonido inconfundible de los motores del Tren Roca.
- Resistencia mental: El desgarrador relato del “Ta-Te-Ti” fabricado con miguitas de pan, una precaria pero vital herramienta que usaban los prisioneros para no perder la cordura en el encierro absoluto.

Un mural para no olvidar
En el marco de la ceremonia, se descubrió un mural conmemorativo que plasma lo terrible de lo vivido en ese lugar, pero que también proyecta un mensaje de esperanza y justicia hacia el futuro.

Bendición y Paz para las nuevas generaciones
Líderes de la Iglesia Católica y otros credos presentes realizaron una oración conjunta y bendijeron las instalaciones. El gesto fue interpretado como un acto de reparación espiritual: dar paz a las almas de quienes pasaron por allí, consuelo a los sobrevivientes y una advertencia ética para las nuevas generaciones.
“Parece mentira, pero tuvieron que pasar 50 años para que este lugar recibiera esta bendición compartida”, reflexionaron los presentes. La jornada concluyó con un compromiso renovado: que la memoria siga viva para que el infierno no se repita nunca más.
