Sergio Aníbal Fossati, con más de 30 años de trayectoria municipal y ex responsable de profesionales y técnicos de la Agrupación Eva Perón, denuncia un entramado de irregularidades en una obra lindera a su hogar. Su esposa, Silvia Sosa, rompe en llanto al recordar su militancia junto al intendente, a quien solía hacerle su torta favorita: “Jorge me defraudó mucho”.
AVELLANEDA, MARZO 2026. La casa de Sergio Aníbal Fossati y Silvia Sosa, ubicada en Estanislao del campo 1666 Crucesita, Avellaneda, ya no es un hogar; es el escenario de una lucha desigual contra la burocracia, la impunidad y la enfermedad. Antonio Fossati, quien ingresó a la municipalidad durante la gestión de Sagol y cuenta con una extensa carrera, y Silvia, militante histórica y socia del club lindero, viven hoy una pesadilla que atribuyen directamente a una construcción irregular realizada en el predio del club vecino a su propiedad.
Un conocedor del sistema denuncia “amaños” e impunidad
Con la autoridad que le da su experiencia en la administración pública, Fossati no duda en calificar la obra vecina como ilegal. Sostiene que todo el proceso fue “a contramano de la ley”, señalando cuestiones “amañadas” y graves irregularidades administrativas que permitieron una construcción que hoy afecta severamente las condiciones de habitabilidad preexistentes y provoca daños en general en su vivienda y, fundamentalmente, en su vida.

Fossati uno de los mayores conocedores de la obra pùblica en Avellaneda
“Conozco al dedillo cómo deben ser los procedimientos, y acá se violaron todos”, afirma Fossati. Su voz, aunque firme en la denuncia técnica, se quiebra al hablar del impacto humano. El ex funcionario, quien actualmente es paciente oncológico, subraya el abandono por parte de la conducción política a la que dedicó años de militancia. Además, Fossati denuncia ejercicios ilegales por parte de los funcionarios Pesce y Fischer, señalando que en el barrio se comenta que están “flojito de papeles”.
“No voy a parar hasta que se haga justicia”, asegura Fossati con determinación. “Voy a llevar todo esto hasta las últimas consecuencias, caiga quien caiga”.
El llanto de Silvia: De la militancia activa a la enfermedad y el abandono
El testimonio de Silvia Beatriz Sosa, de 62 años y vecina de Avellaneda desde hace 36, es desgarrador. De ser una mujer activa que, junto a su esposo, practicaba natación de 3 a 4 veces por semana tras aprender a nadar, hoy apenas puede caminar 500 metros sin agitarse. “Mi vida cambió el año pasado”, relata entre lágrimas.


La odisea comenzó con una invasión de ratas proveniente del predio lindero, que no había sido desratizado antes del inicio de los trabajos. “Vivimos con ratas vivas un mes”, recuerda con horror. Luego llegó el polvillo incesante y las filtraciones de agua. Silvia ahora sufre de asma y broncoespasmos crónicos, patologías inexistentes en su historia familiar. “Antes respiraba perfectamente; hoy tengo que hablar con la medicación encima”.
Fossati relata que Alejo Chornobroff se comunicó en dos oportunidades con Silvia, con una diferencia de unos 15 o 20 días, pero aclara que los llamados fueron directamente a ella: “No querían hablar conmigo”.
Manchas, fisuras y un pedido médico desesperado





Quien visite la propiedad de los Fossati-Sosa puede constatar que la obra lindera ni siquiera está terminada, careciendo de revoques. Mientras tanto, la casa de la familia presenta fisuras por todas partes, alarmantes manchas de humedad en el cielorraso y una proliferación de hongos en el dormitorio que hacen imposible la habitabilidad. La situación sanitaria es tan crítica que el médico de la familia les ha recomendado encarecidamente que se muden para preservar su salud.
“Jorge, me defraudaste mucho”
Lo que más duele a Silvia no es solo la pérdida de salud y bienes, sino la traición política y humana. “Para mí siempre Jorge fue… no es mi ídolo”, dice, refiriéndose al intendente Jorge Ferraresi, a quien conoce desde hace décadas. Silvia recuerda con orgullo sus años de militancia activa en la Agrupación Eva Perón, participando en campañas de donación de juguetes y prestando su propia heladera y ropero cuando la agrupación funcionaba frente a Racing. Sus padres eran peronistas históricos, y ella creció mamando esa identidad.
Con profunda tristeza, Silvia evoca un detalle íntimo: “Le hacía la torta galesa que tanto le gustaba a Jorge, como a mí me salía”. Sin embargo, entre lágrimas, reconoce la dolorosa realidad: “El poder, el dinero o el entorno te cambian”.
Silvia asegura que Ferraresi conoce perfectamente el problema de su casa porque ella misma se encargó de hacérselo saber. Cansada de no obtener respuestas, le envió varios audios al intendente. “Nunca, nunca me contestó”, afirma.
Al cierre de la entrevista, Silvia se dirige directamente al intendente: “Bueno Jorge, soy Silvia. Me conocés, sabés cómo soy… Sabés que nunca te molesté por nada”. Recordando sus pocos pero afectuosos encuentros pasados, le reprocha el abandono ante un problema derivado de una obra en el predio del club de la cual ella es socia y su esposo socio vitalicio, y para la cual asegura que nunca se realizó una asamblea que diera el visto bueno. “Por lo que yo trabajé junto a mi marido e hice ahorros. Nunca irnos de vacaciones… Y me defraudó mucho Jorge. Jorge Ferraresi, sí”.
La familia Fossati-Sosa sigue esperando justicia y una solución que les devuelva la dignidad y el aire que hoy les falta.

