En una jornada cargada de emoción en Villa Domínico, la ONG liderada por Verónica Juárez realizó su tradicional entrega de guardapolvos y útiles escolares. En un contexto económico asfixiante, la institución logró que cientos de pibes comiencen las clases con dignidad, quitándole un peso enorme de encima a las familias del barrio.

El alivio de las madres y la ilusión de los chicos
La sede de la ONG se llenó de color y guardapolvos blancos impecables. Pero lo que más brilló fue el cambio en el semblante de los vecinos. Para muchas madres, ver a sus hijos recibir el kit completo significó “una angustia menos en qué pensar”. Ante la imposibilidad de afrontar los altísimos costos de la canasta escolar, la intervención de la “Abuela Elvira” fue el suspiro de alivio que el barrio necesitaba.
Los chicos, por su parte, no ocultaron su felicidad. Se llevaron útiles modernos, coloridos y actuales, de esos que les dan ganas de sentarse a estudiar. “Queremos que el inicio de clases sea un poco más grato, que ellos sientan que siempre los esperamos con una sorpresa linda”, comentó Verónica durante la actividad.
Un cuarto de siglo “24/7”
Este evento se da en el marco de una fecha especial: en abril, la ONG cumple 25 años de trabajo ininterrumpido en el barrio. Lo que comenzó como un sueño hoy es una estructura que sostiene a la comunidad con:
- 600 viandas diarias de comida caliente.
- El programa “Aprender Abuela Elvira”, donde los chicos se alejan de la calle aprendiendo reciclado y oficios.
- Asistencia crítica en incendios, entrega de medicamentos, pañales y sillas de ruedas.



Sueños pendientes y un llamado a la comunidad
A pesar de la trayectoria, Verónica no oculta las deudas del Estado y la sociedad: “Soñábamos con tener una institución acorde; pasaron gobiernos, vinieron figuras importantes, pero la obra de la cocina y el entrepiso aún no se concretó”.
Sin embargo, la fe sigue intacta y la organización busca voluntarios y profesionales. “Hoy necesitamos una profe de yoga para nuestras abuelas. Todo el que quiera aportar un oficio o su tiempo es bienvenido”, señaló Juárez, subrayando que en la “Abuela Elvira” se cree en el trabajo comunitario por encima del individualismo.
Historias que dan sentido a todo
Para Verónica, el motor son casos como el de Pato, una joven que creció merendando en la ONG y hoy es una enfermera profesional que asiste a sus propios vecinos. “Ella pudo superarse, sus hijos estudian, y eso es un mimo a mi alma. Si podemos salvar a uno de la calle y las drogas, el trabajo ya vale la pena”, reflexionó conmovida.
CÓMO AYUDAR:
La ONG “Abuela Elvira” sigue siendo ese “auxiliar de corazón” para Villa Domínico. Si querés sumarte como voluntario, donar útiles o materiales de construcción para sus reformas, acercate a la sede. Porque como dice Verónica: “Lo bueno siempre vuelve”.



