Mati Patrón: La herencia de “Ivan Kowalsky” y el sueño que nació mirando “El Gourmet”
En la mítica esquina de Paunero y Avenida Manuel Belgrano, el corazón de Sarandí guarda un secreto que sabe a nostalgia y fuego lento. Matías Patrón ha logrado amalgamar dos mundos: la rudeza de la lucha libre y la calidez de un bodegón donde la verdadera “Lucha Fuerte” se gana con platos abundantes y amor de familia. Aquí, el legado de un padre que fue leyenda del catch se funde con la pasión de un hijo que cambió el volante del remís por las hornallas.
La historia de este rincón de Sarandí no se entiende sin el rugido de las tribunas. El padre de Matías, Alfredo Patrón, fue una pieza clave en el ADN de la televisión argentina, en “Titanes en el Ring” y luego “Lucha Fuerte”, encarnando a figuras inolvidables como el imponente Ivan Kowalsky y el gélido Ruso Blanco (también conocido como Barba Roja) en el universo de Martín Karadagián. Matías recuerda con emoción esos domingos donde, siendo apenas un chico de nueve años, caminaba por los vestuarios de Canal 2: “Yo iba con mi viejo siempre los domingos… entraba a los vestuarios y me conocían todos desde chiquito”, relata sobre aquella época dorada.


Sin embargo, su verdadera vocación no nació en el cuadrilátero, sino frente a la pantalla chica. Mientras trabajaba como remisero o pasaba sus días en la verdurería, Matías encontraba su cable a tierra en los programas de cocina: “Yo veía ‘El Gourmet’, veía también ‘Café San Juan’, veía a Ariel Rodríguez Palacios… me gustaba todo eso, empecé a meterme en el tema y sentía que me relajaba”, confiesa sobre el inicio de su sueño. Lo que empezó como un hobby de fin de semana para amigos terminó siendo una apuesta total por este local que ya lleva siete años de pie.

En cuanto a la propuesta gastronómica, el bodegón es un santuario de la comida real. Si bien el pollo al disco y los mariscos son las estrellas que se roban los aplausos, la carta es un despliegue de clásicos argentinos: hay de todo, bife, asado, milanesa, tallarines, ensaladas o minutas. Las pizzas, cocidas en el horno de barro, merecen un párrafo aparte: la de rúcula y jamón crudo es un poema, mientras que las de cheddar con verdeo salen muchísimo por su sabor intenso y original.





El espíritu del lugar es, ante todo, la generosidad. En el bodegón de Mati, el ambiente es súper familiar, los precios son accesibles y las porciones son más que generosas, cumpliendo con la regla de oro de cualquier buen boliche de barrio que se aprecie de tal. “Cocinar todos los platos con amor, como si fuera para uno mismo. El placer de que el cliente te diga ‘qué rico está’ es algo hermoso”, afirma Matías, quien no descansa ni los días de 40 grados para cumplir con su clientela.
Este éxito no es individual, sino un trabajo en equipo de relevos. Junto a él está Viviana, su compañera desde que tenían 15 años, sus hijos y un grupo humano que sostiene la estructura de miércoles a domingos. El compromiso es tal que incluso los lunes y martes, cuando las persianas parecen bajas, Matías sigue cocinando para una fábrica local: “No se descansa nunca por ahora”, sentencia con la misma tenacidad con la que su padre enfrentaba a sus rivales en el ring.


La nostalgia del pasado, cuando la familia se reunía a ver al “Ruso Blanco” hacer de malo en la tele, hoy se transforma en el calor de un encuentro alrededor de una mesa servida. Matías Patrón ha logrado que Sarandí tenga su propia arena de sabor, donde la herencia de los Titanes se sirve en plato hondo. Es el refugio de los que valoran la comida honesta, demostrando que para ganar la pelea de la vida, no hace falta una “cortina de hierro”, sino un buen horno de barro y el corazón puesto en cada receta.
📍 Ubicación: Paunero y Av. Manuel Belgrano, Sarandí.
🕒 Horarios: Miércoles a sábados todo el día; domingos por la noche.
