Hoy, la prensa argentina llora la pérdida de uno de sus más destacados exponentes: Jorge Lanata. Aunque su trayectoria profesional lo llevó a recorrer el mundo y a entrevistar a personalidades de todo el planeta, Lanata siempre recordó con cariño sus raíces en Sarandí, donde creció en la calle Chenault 117.

En entrevistas y conversaciones, Lanata solía hablar con nostalgia de su infancia en Sarandí, donde se crió en un hogar humilde pero lleno de amor y valores. Su familia le inculco desde pequeño el valor de la honestidad y la perseverancia.
Lanata recordaba con especial cariño sus años en la escuela primaria de Sarandí, donde comenzó a desarrollar su pasión por la escritura y la comunicación. “En la escuela, me gustaba escribir cuentos y poemas”, contaba en una entrevista. “Mi maestra, me animaba a seguir escribiendo y me decía que tenía un futuro brillante en la literatura”.

A medida que crecía, Lanata se interesó cada vez más por la política y la actualidad. Comenzó a leer periódicos y revistas, y se convirtió en un ávido seguidor de la prensa argentina. “Mi padre me compraba todos los días el diario Clarín”, recordaba. “Me gustaba leer las noticias y los editoriales, y me parecía fascinante cómo los periodistas podían contar historias y analizar la realidad de manera objetiva y apasionante”.

A lo largo de su carrera, Lanata se convirtió en uno de los periodistas más respetados y admirados de Argentina. Su estilo directo y sin rodeos, su capacidad para analizar la realidad de manera objetiva y apasionante, y su compromiso con la verdad y la justicia lo convirtieron en un referente para generaciones de periodistas y comunicadores.

Aunque Lanata ya no está con nosotros, su legado sigue vivo. Su pasión por la prensa, su compromiso con la verdad.



