La oposición consiguió mayorías en el Senado y la Cámara de Representantes, en una derrota que condicionará la segunda mitad del mandato del republicano. El resultado obligará a la Casa Blanca a negociar con sus adversarios y limitará su margen para avanzar con nuevas leyes.

La elección de medio término modificó el mapa político de Estados Unidos. El Partido Demócrata pasó a controlar las dos cámaras del Congreso y desplazó a los republicanos de las mayorías que habían conseguido hasta ahora. Para Donald Trump, el resultado supone un obstáculo de peso cuando todavía le quedan dos años de gestión.

El presidente buscó restarle importancia a la derrota y atribuyó el desenlace a su ausencia en las boletas.

“Yo no aparecía en la boleta electoral y, si hubiera aparecido, hubiéramos ganado por una victoria aplastante”, publicó en Truth Social.

La explicación contrasta con su participación activa en la campaña, durante la que encabezó actos en distintos estados y pidió a sus votantes que respaldaran a los candidatos republicanos como si él también estuviera en juego.

Horas después, en una conversación con The New York Times, dijo que aceptaría el resultado y que estaba dispuesto a alcanzar acuerdos con la oposición. Días antes había puesto en duda esa posibilidad al afirmar que solo reconocería comicios “honestos”.

El avance demócrata se hizo sentir incluso en territorios que históricamente favorecieron al Partido Republicano. Texas, Kansas y Carolina del Sur estuvieron entre los estados donde la oposición consiguió victorias destacadas, junto con Carolina del Norte, Georgia, Ohio, Iowa y Maine.

Florida fue una excepción: los republicanos retuvieron la gobernación y el escaño en disputa en el Senado, aunque con márgenes estrechos.

La nueva composición del Capitolio reducirá la capacidad de Trump para impulsar leyes sin negociar con sus adversarios. Además, los demócratas tendrán más herramientas para abrir investigaciones sobre las decisiones de la administración.

El resultado también era seguido con atención desde el exterior. El gobierno de Javier Milei, que mantiene a Trump como su principal aliado internacional, había apostado por una victoria republicana.

El malestar con la gestión apareció entre los motivos centrales del voto: un relevamiento de AP indicó que cerca de tres cuartas partes de los consultados estaban enojados o insatisfechos con el rumbo del país y que seis de cada diez desaprobaban al presidente. El costo de vida y la economía encabezaron las preocupaciones.

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