REMEMORANDO LA PRIMERA ENTREVISTA DE MONSEÑOR MARCELO “MAXI” MARGNI AL ASUMIR EN LA DIOCESIS AVELLANEDA-LANÚS
A cinco años de su designación pastoral, recordamos la histórica primera conversación que mantuvo el Padre Obispo Marcelo “Maxi” Margni con el periodista Marcelo Brunwald, en una transmisión especial EN “La Voz del vecino” emitida en dúplex para la radio regional. En aquel diálogo íntimo y reflexivo, el sacerdote compartió detalles inéditos sobre su historia de vida, sus orígenes en el territorio y los principales ejes orientadores de su misión diocesana.
Diálogo exclusivo entre Marcelo Brunwald y Monseñor “Maxi” Margni
Marcelo Brunwald: Le pregunto porque mucha gente me pregunta: ¿por qué “Padre Maxi”?
Monseñor “Maxi” Margni: “La culpa la tiene el Registro Civil de Avellaneda. Yo nací en el año 1971 en el Hospital Fiorito. Mi familia materna es de ahí, mamá es italiana y vino a los 9 años; tengo una gran familia en Sarandí y Wilde. Cuando nacimos con mi hermana melliza, mi mamá fue al último día a inscribirnos al Registro Civil que funcionaba dentro del hospital. Cuando le dijo a la empleada que me llamaría Maximiliano Julián, le dijeron que ‘Maximiliano no se podía poner porque no figuraba en los libros’. Mi mamá, enojada, le dijo: ‘Bueno, póngale el que quiera’. Y la empleada le puso Marcelo Julián. Así que figuró Marcelo en el documento por el Registro Civil, pero para toda mi familia y durante toda mi vida fui siempre ‘Maxi’.”
Marcelo Brunwald: Es un momento difícil el que atravesamos, donde la gran mayoría la está pasando mal. Sería bueno darles una palabra de aliento…
Monseñor “Maxi” Margni: “Cuando atravesamos momentos críticos, tanto en la experiencia personal como social, se abre una oportunidad para hacerse preguntas fundamentales de la vida: quién soy, qué quiero ser, hacia dónde voy. Esas preguntas necesariamente te llevan a preguntarte por Dios. Si estamos atravesando momentos de dificultad, también son una oportunidad para reflexionar si las cosas fundamentales están en su lugar o si nos dejamos atrapar por cuestiones superficiales. No hay que arrugarle a los momentos de crisis o de sufrimiento; están ahí para mostrarnos cosas y enseñarnos a volver a levantarnos.”
Marcelo Brunwald: Respecto a la realidad de los barrios vulnerables y la situación social del Conurbano, ¿cómo analiza este contexto?
Monseñor “Maxi” Margni: “Me crié en el Conurbano y conozco perfectamente mi lugar social. Una de las cosas más interesantes de ser cura es que un día podés estar cenando en la mesa de una familia acomodada y al día siguiente compartiendo en la casa más humilde. Pero es muy difícil que quien nace en un determinado sector acomodado sepa lo cotidiano de lo que sufre una familia en la miseria. Para pensar una sociedad más justa, hay que escuchar al que está en el territorio. Es diferente preguntarle al que está que al que no está: si querés saber realmente lo que pasa en un colegio, juntate con la portera, porque es la que abre, la que cierra y la que está presente.”
Marcelo Brunwald: Dentro de muy poco asume oficialmente en la diócesis. ¿Qué desafíos e impronta busca imprimirle a su gestión?
Monseñor “Maxi” Margni: “Mi deseo es acompañar al pueblo de Dios, a sus comunidades y pastores, para buscar juntos hacia dónde sentimos que el Espíritu de Dios nos invita a caminar. Quiero hacer un tiempo de escucha profunda y no escuchar solo a las élites o a los que están encerrados en sus propias visiones. Busco trabajar en la búsqueda de una fe que libera, que se encarna en la vida cotidiana de la gente y que le saque a la religión ese peso puramente institucional o ritualista.”
Marcelo Brunwald: En cuanto a los referentes que han guiado su vocación religiosa, ¿quiénes han marcado su camino?
Monseñor “Maxi” Margni: “A mí me ordenó sacerdote Jorge Novak, el primer obispo de Quilmes. Él era un visionario en lo que respecta a cómo ser un obispo e insertar a la Iglesia en el mundo. Para mí es una referencia innegable, fue quien me confirmó y me ordenó. Pero además, en lo cotidiano, me guían muchísimos sacerdotes y laicos anónimos, de bajo perfil, que laburan día a día en la trinchera. Como diría el Papa Francisco, son ‘los santos de la puerta de al lado’.”

