"SANGUCHAZO" EN AVELLANEDA: SE DESMADRÓ LA SITUACIÓN Y LA GENTE SE ABALANZÓ SOBRE EL SÁNGUCHE"SANGUCHAZO" EN AVELLANEDA: SE DESMADRÓ LA SITUACIÓN Y LA GENTE SE ABALANZÓ SOBRE EL SÁNGUCHE

TRAS OCHO HORAS DE ESPERA Y DEMORAS POLÍTICAS

Lo que debía ser una fiesta popular por los 25 años de la mítica parrilla “El Tano” terminó en caos, escenas de “Los Juegos del Hambre” y furia vecinal. La llegada tardía del intendente Jorge Ferraresi para “la foto” y los pésimos manejos de la organización colmaron la paciencia de miles de personas que esperaban desde la mañana.

AVELLANEDA (25 de Mayo) – Una jornada que estaba planificada para entrar en la historia gastronómica y festiva de la zona sur del Conurbano bonaerense terminó convirtiéndose en un escenario de descontrol, tensión y desmadre absoluto. La emblemática parrilla “El Tano” de Avellaneda celebraba su 25° aniversario a lo grande: la promesa era un sándwich kilométrico que desplegó siete cuadras de extensión, cortando la Avenida Mitre desde la calle Chascomús (frente al Parque San Martín) hasta Corvalán. Sin embargo, lo que se perfilaba como una fiesta patria y vecinal derivó en postales que muchos testigos locales no dudaron en comparar con “Los Juegos del Hambre”.

El evento, que se extendió por casi ocho agobiantes horas, comenzó a torcerse desde temprano. Miles de vecinos y turistas de otras localidades se agolparon detrás de las vallas desde las 10:00 de la mañana, con la lógica ilusión de poder almorzar y disfrutar del mega sándwich entre el mediodía y, a más tardar, las 13:00 o 14:00 horas. Pero el factor político metió la cola y los tiempos de la gente no coincidieron con los de los funcionarios.

La sombra de la politización y la demora por “la foto”

A pesar de que el evento fue fruto del esfuerzo económico y logístico exclusivo de “El Tano” y sus marcas auspiciantes, el Municipio de Avellaneda intentó capitalizar la masiva convocatoria. Según denunciaron los propios asistentes y testigos clave en el lugar, la gestión del intendente Jorge Ferraresi desplegó una cuestionable estrategia de prensa y militancia para “adueñarse” del festejo.

Detrás de las vallas, militantes oficialistas operaban en redes sociales para instalar que el evento era una iniciativa municipal. Incluso, durante la transmisión en vivo del noticiero de Canal 13, en una entrevista realizada por el periodista Luis Otero, una vecina rompió el molde al aire lanzando un “Gracias Ferraresi por esto”, lo que encendió la indignación de los presentes que sabían perfectamente quiénes habían pagado la carne y el pan. El rol de la comuna se limitó al vallado y a una organización de tránsito que, a la luz de los hechos, resultó pésima.

La bronca vecinal se transformó en un hervidero con el paso de las horas. El intendente Ferraresi tenía previsto arribar al mediodía para “la foto oficial” y dar inicio al corte del sándwich. Sin embargo, su llegada se retrasó inexplicablemente, apareciendo en el lugar recién cerca de las 16:30 horas. Para ese momento, familias enteras, niños y jubilados llevaban más de seis horas parados bajo el frío, con hambre y una creciente indignación. Mientras tanto, lo único que funcionaba activamente eran los puestos de venta de bebidas alcohólicas y gaseosas, que facturaban a dos manos ante la desesperación y la sed de la multitud.

El estallido: el inicio de los desmanes al caer el sol

El punto de quiebre definitivo se dio rozando el anochecer, alrededor de las 17:15 horas, justo en el instante en que las lámparas del alumbrado público de la Avenida Mitre se encendieron de manera automática. Algunos especulaban con que los organizadores o el equipo de prensa del municipio querían estirar la espera para lograr una toma nocturna o un video más vistoso con la iluminación de la calle; pero el estómago y la paciencia de la gente dijeron basta.

La paciencia se agotó de golpe. Los registros fílmicos y fotográficos captaron el momento exacto en que la situación se desbordó por completo. Un hombre en particular se convirtió en el detonante del caos: saltó y tiró las vallas de seguridad en primer lugar, ingresó a la zona restringida donde estaba el sándwich y, sin dudarlo, comenzó a manotear los alimentos a mansalva para guardárselos en bolsas plásticas que llevaba preparadas.

Ese primer avance funcionó como un efecto dominó. Al ver que los controles municipales y la seguridad se veían totalmente sobrepasados, la muchedumbre imitó la acción. La gente se abalanzó en masa sobre las siete cuadras de sándwich. Lo que debía ser una entrega ordenada y festiva se transformó en un sálvese quien pueda: empujones, gritos, corridas y personas desesperadas estirando los brazos por encima de las estructuras para conseguir un pedazo de comida.

Un saldo agridulce para un clásico de Avellaneda

Afortunadamente, y a pesar de la violencia de las imágenes que rápidamente se viralizaron en las redes sociales, no se registraron heridos de extrema gravedad, aunque sí quedó un sabor amargo colectivo. Los comentarios de indignación hacia la intendencia por “arruinar un festejo privado con demoras políticas” inundaron los foros locales.

El aniversario de “El Tano” —una institución que es orgullo del partido de Avellaneda por su trayectoria y su arraigo popular— merecía terminar con aplausos y alegría. Lamentablemente, la burocracia, la especulación por una foto política y la falta de respeto hacia las miles de personas que esperaron durante horas transformaron una fiesta de 25 años en una jornada de descontrol y desmadre sobre la Avenida Mitre.

El descargo del tano

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