III SEMANA DE PASCUA · JUAN 6,52-59

Hermanos y hermanas:

Hoy la liturgia nos regala una coincidencia que no es casualidad. Estamos en Pascua — tiempo de vida nueva — y celebramos 25 años caminando juntos como Iglesia en Avellaneda y Lanús.

Y el Evangelio nos habla de pan. De un pan que da vida para siempre.

Los judíos discutían entre sí, escandalizados: “¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?”

Es una pregunta honesta. Y Jesús no la suaviza. No dice “es solo un símbolo”. Insiste, con más fuerza todavía.

Es la misma pregunta que a veces nos hacemos nosotros, mirando nuestra diócesis, nuestras comunidades, nuestra propia vida:

¿De dónde sacamos vida para seguir?

Veinticinco años no son pocos. Hay luces y hay sombras. Hay, como decía Ezequiel en el texto que trabajamos en la cueresma, huesos secos — y hay también signos de vida nueva. Hay cansancio y hay esperanza. Hay heridas y hay comunión.

Jesús responde hoy a esa pregunta. No con un programa. No con una estrategia pastoral. Sino con una promesa:

“El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él”.

Y más todavía: “Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí”.

Nuestra vida diocesana no se sostiene por nuestros méritos ni por nuestra organización. Se sostiene porque él camina con nosotros — como cantamos en el himno jubilar. Porque cada vez que nos reunimos alrededor de la Eucaristía, renovamos la alianza. Recibimos su vida. Somos enviados.

Por eso el lema de este Jubileo no dice “miramos atrás con orgullo”. Dice:

“Renovando la alianza, caminamos juntos”.

Renovar la alianza es volver a decirle sí a Dios. Como en el bautismo. Como en cada Eucaristía. Como hoy.

Y caminar juntos significa que nadie queda afuera. A todos, todos, todos — como repite el himno que ya es nuestro.

Jesús enseñaba estas cosas en la sinagoga de Cafarnaúm — en público, sin retroceder, asumiendo el escándalo de sus palabras.

Hoy nosotros, en estas comunidades de Avellaneda y Lanús, recibimos el mismo pan. La misma vida. El mismo envío.

Que estos 25 años nos encuentren con hambre verdadera. Con puertas abiertas. Con el fuego del Espíritu que, como dice el Apocalipsis, “hace nuevas todas las cosas”.

¡Feliz aniversario, Iglesia de Avellaneda-Lanús!

Amén.

☩ Padre Obispo Marcelo (Maxi) Margni
Obispo de Avellaneda-Lanús

Avellaneda-Lanús, 24 de abril de 2026.

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