¿Ingeniería o maquillaje? Con apenas una tormenta, los puntos críticos de siempre vuelven a colapsar. La gestión de Jorge Ferraresi cumple un cuarto de siglo en el poder sin resolver las obras hidráulicas que “no se ven” pero que los vecinos padecen en cada lluvia.

Por Redacción Multimedio En La Mira

Parece una postal detenida en el tiempo, pero es la realidad de cada tormenta. Avellaneda, la ciudad que se promociona como modelo de gestión, vuelve a mostrar su cara más amarga: calles transformadas en ríos y vecinos atrapados en sus casas. Lo más grave no es el agua, sino la falta de inversión en obras de fondo que, según denuncian los damnificados, han sido reemplazadas por obras estéticas de superficie.

Puntos críticos: El mapa de la desidia

No hace falta una sudestada histórica; con “pequeñas tormentas”, el mapa del anegamiento se repite con una precisión alarmante:

  • Larralde y Güemes: El cruce clásico que sigue siendo una trampa para conductores y comerciantes.
  • Avenida Pavón: Desde la bajada del Puente Pueyrredón hasta el 300 (Estación Avellaneda), el asfalto desaparece bajo el agua, cortando una de las arterias principales de ingreso al distrito.
  • Wilde: La calle Tres Arroyos sigue siendo un foco de conflicto donde el agua no da tregua.
  • Zonas Vulnerables: Villa Inflamable, Dock Sud y toda la traza de la Avenida Nicolás Avellaneda, junto con Lynch, siguen pagando el costo de ser los “barrios olvidados” de la infraestructura hidráulica.

¿Sabe, puede o no quiere?

La pregunta circula entre los vecinos mientras sacan el agua con secadores: ¿Cuál es la prioridad del Intendente Jorge Ferraresi? Se supone que, por su formación, debería comprender la urgencia de estas tareas, pero la realidad en la calle cuenta otra historia.

Ferraresi conoce Avellaneda y sus problemas desde hace 25 años. Fue varias veces Secretario de Obras Públicas durante el gobierno de “Cacho” Álvarez y transita su cuarto mandato como Intendente. Dos décadas y media en los pasillos del poder municipal parecen no haber sido suficientes para diseñar un plan hidráulico serio.

La política del maquillaje

La crítica es unánime: las obras hidráulicas son costosas, van bajo tierra y “no se ven” en la foto de campaña. Por eso, la ciudad luce “maquillada” con nuevas plazas y luces LED, mientras las cuencas y los desagües siguen colapsados por la falta de limpieza y mantenimiento estructural.

Mientras se sigan priorizando las obras cosméticas por encima de las obras “como Dios manda”, Avellaneda seguirá siendo una ciudad de cristal que se rompe (y se inunda) con la primera gota.

Desde Multimedio En La Mira, seguimos exigiendo respuestas para los vecinos que ya no pueden esperar otros 25 años.


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