HISTORIA DE UNA BÚSQUEDA SILENCIADA: GRACIELA, LA VECINA DE DOMÍNICO QUE LUCHA POR RECUPERAR SU VERDADERA IDENTIDADHISTORIA DE UNA BÚSQUEDA SILENCIADA: GRACIELA, LA VECINA DE DOMÍNICO QUE LUCHA POR RECUPERAR SU VERDADERA IDENTIDAD

A sus 52 años, Graciela Segura descubrió que la vida que conocía estaba construida sobre un secreto de familia. Nació en 1973 y fue traída desde Capital Federal en una operación irregular orquestada por una partera del Hospital Israelita. Hoy, busca desesperadamente armar el rompecabezas de su origen, pero denuncia el abandono de los organismos de Derechos Humanos: “Abuelas de Plaza de Mayo me dijo que mi caso ‘no les interesa'”.


DOMÍNICO, AVELLANEDA. Graciela atesora el amor que le dieron sus padres adoptivos, Osvaldo Manuel Segura y Susana Delia Elisetche, pero la necesidad de saber quién es realmente se ha vuelto un motor incontrolable en los últimos años. Vecina de Villa Domínico de toda la vida, su mundo cambió cuando, casi por casualidad, un familiar le reveló una verdad silenciada por décadas: ella no había nacido de la panza de la mujer que creía su madre.

A partir de ese momento, Graciela comenzó una investigación que la llevó a confirmar las dudas con múltiples fuentes familiares. El relato que todos repiten señala a Leónida Vicente, una prima de su padre adoptivo que trabajaba como enfermera y partera en el desaparecido Hospital Israelita de Capital Federal.

Una red de silencios y una partida falsa

“Mis padres querían hacer una adopción legal, pero esta señora le dijo a mi papá que había una bebé y que tenía que ir a buscarla esa noche porque al otro día se la llevaban a otro lugar”. La operación fue rápida y efectiva. La partida de nacimiento de Graciela, fechada el 5 de octubre de 1973, es falsa: afirma que nació en el domicilio familiar de Domínico y está firmada por la propia Leónida Vicente, simulando haber asistido el parto.

A pesar del amor recibido, Graciela recuerda indicios de inseguridad en su madre adoptiva, quien al principio tenía miedo de cuidarla por temor a que se la llevaran. Ese miedo se transformó en un secreto que Susana juró llevarse a la tumba, ignorando los ruegos de otros familiares para que le dijera la verdad a su hija.

El abandono institucional y el sesgo ideológico

Decidida a encontrar respuestas, Graciela acudió a las instituciones que, se supone, defienden el derecho humano a la identidad. Sin embargo, se encontró con una barrera burocrática e ideológica desalentadora.

Al nacer en octubre de 1973, su caso queda fuera del rango temporal que maneja Abuelas de Plaza de Mayo para la búsqueda de nietos desaparecidos durante la dictadura (que inicia en 1975/1976). Graciela denuncia que la respuesta de los organismos fue fría y tajante: “No nos interesa”.

Esta negativa expone un doloroso sesgo en la defensa de los Derechos Humanos. La identidad es un derecho universal, independientemente del contexto político en el que fue vulnerado. Al cerrarle las puertas, estas instituciones abandonan a miles de personas que, como Graciela, fueron víctimas de sustitución de identidad y buscan desesperadamente su origen.

La búsqueda continúa

Sin apoyo oficial, Graciela sigue adelante. Aunque los restos de sus padres adoptivos fueron cremados, busca realizar cotejos de ADN con parientes colaterales. Sus pistas apuntan al extinto Hospital Israelita y a un médico muy conocido en Capital Federal que trabajaba con la partera Leónida Vicente, cuyo nombre figura en actas relacionadas con su caso.

Graciela no busca juzgar el pasado, sino completar su historia. “La verdad siempre ante todo”, afirma. Para ella, saber de dónde viene es la única forma de sentirse plenamente libre y plena.

¿Cómo ayudar?

Si tenés alguna información sobre nacimientos irregulares en el Hospital Israelita alrededor de octubre de 1973, o conociste a la partera Leónida Vicente, tu dato puede ser crucial.

  • Contacto: Graciela Segura
  • Facebook: Grave Segura

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