
FIESTA DE LA DIVINA PASTORA,
Y ORACIÓN POR EL PUEBLO VENEZOLANO
El miércoles 14 de enero, fiesta de la Divina Pastora, la comunidad diocesana de Avellaneda-Lanús se reunió para poner en manos de Dios al pueblo venezolano: su historia, su presente y su esperanza, con el pedido por la paz, la justicia, el consuelo de quienes sufren y la fortaleza de quienes siguen creyendo en un futuro mejor.
El Padre Obispo Marcelo (Maxi) Margni presidió la celebración en la Iglesia Catedral Nuestra Señora de la Asunción y dijo a la comunidad venezolana “con ustedes y por ustedes, por sus familias y por su querido pueblo, ofrecemos la Misa e invocamos la intercesión de la Divina Pastora. Es toda la Iglesia la que, en este tiempo, quiere estar cerca del pueblo venezolano, para que pueda hacerse realidad el anhelo que brota del corazón del Papa León XIV, cuando pide que se respete la voluntad del pueblo venezolano y se trabaje por la protección de los derechos humanos y civiles de todos”.

El Padre Obispo Maxi recordó que “nuestra Iglesia quiere ser, también hoy, madre que acompaña —especialmente a los migrantes— y casa abierta donde el dolor se transforma en oración y la esperanza se fortalece en comunidad”. Y mencionó que “en este caminar muchas veces doloroso, no estamos solos. Hoy celebramos a María como Divina Pastora, esa Madre que no abandona a su rebaño cuando llega la noche o cuando el camino se vuelve incierto. Ella conoce el desarraigo, el miedo, la huida y también la esperanza. Como Pastora buena, camina delante de su pueblo, lo cuida, lo sostiene y lo orienta, sin imponer, sin empujar, acompañando con ternura y con firmeza. Por eso el pueblo venezolano la quiere tanto: porque en Ella se reconoce acompañado, protegido y amado aun en medio de la prueba. Bajo su mirada maternal, el dolor no queda solo y la esperanza no se apaga”.
En la misa también participó el Padre Obispo Juan Carlos Romanín sdb, emérito de Río Gallegos, e integrante de la pastoral de Migrantes de la Conferencia Episcopal Argentina, junto con el Padre Gabriel Favero, párroco de Catedral, sacerdotes, feligreses y comunidad venezolana.

La homilía completa del Padre Obispo Maxi se trascribe a continuación.

HOMILÍA – MISA POR VENEZUELA
Fiesta de la Divina Pastora – Catedral de Avellaneda-Lanús
Queridos hermanos y hermanas:
Les agradezco de corazón por estar hoy acá y por haber respondido a la invitación para ponernos juntos delante del Señor y orar con confianza, de un modo especial, por el pueblo de Venezuela.
Lo hacemos además en un día muy significativo: la fiesta de la Divina Pastora, una advocación mariana tan querida por los venezolanos, como lo demuestra la importante manifestación de fe y piedad popular que se vive en esta fecha, una de las más grandes a nivel mundial.
Esta misma fe, tan propia del pueblo venezolano, la conocemos también aquí, en la Argentina y en nuestra diócesis, gracias a la presencia de tantos de ustedes en nuestras comunidades. Es una presencia que nos enriquece profundamente y que forma parte viva del camino de nuestra Iglesia.

Con ustedes y por ustedes, por sus familias y por su querido pueblo, ofrecemos la Misa e invocamos la intercesión de la Divina Pastora. Es toda la Iglesia la que, en este tiempo, quiere estar cerca del pueblo venezolano, para que pueda hacerse realidad el anhelo que brota del corazón del Papa León XIV, cuando pide que se respete la voluntad del pueblo venezolano y se trabaje por la protección de los derechos humanos y civiles de todos, y por la construcción de un futuro de estabilidad y concordia, encontrando inspiración en el ejemplo de dos hijos de este pueblo, recientemente canonizados: san José Gregorio Hernández y santa Carmen Rendiles. De este modo —nos decía el Papa— se podrá construir una sociedad fundada en la justicia, la verdad, la libertad y la fraternidad, y así salir de la grave crisis que aflige al país desde hace muchos años.

El Evangelio de hoy nos muestra a Jesús atento al clamor de los que sufren. Lo vemos en el encuentro con la suegra de Pedro, y lo vemos también cuando la ciudad entera se reúne delante de la puerta, llevando a Jesús a los enfermos que sufrían diversos males.
El Señor actúa con misericordia: se inclina amorosamente frente a cada sufrimiento y se detiene ante cada persona. Queridos hermanos y hermanas, la misericordia del Señor no es indiferente al dolor de nuestro pueblo. Él está cerca, Él escucha, Él cura nuestras heridas.
Por eso, como pastor de esta Iglesia de Avellaneda-Lanús, uno mi voz a la toda la Iglesia en Argentina para decirles con claridad y con afecto: no están solos en el camino. Hace pocos días contemplábamos en la liturgia el misterio de la Sagrada Familia, obligada a huir a una tierra extranjera por las amenazas de Herodes, el poderoso de turno. También a ustedes Dios les regala hoy la certeza de que Él cuida de los suyos: de quienes están aquí, entre nosotros, y de quienes quedaron en la distancia.
En este caminar muchas veces doloroso, no estamos solos. Hoy celebramos a María como Divina Pastora, esa Madre que no abandona a su rebaño cuando llega la noche o cuando el camino se vuelve incierto. Ella conoce el desarraigo, el miedo, la huida y también la esperanza. Como Pastora buena, camina delante de su pueblo, lo cuida, lo sostiene y lo orienta, sin imponer, sin empujar, acompañando con ternura y con firmeza. Por eso el pueblo venezolano la quiere tanto: porque en Ella se reconoce acompañado, protegido y amado aun en medio de la prueba. Bajo su mirada maternal, el dolor no queda solo y la esperanza no se apaga.
Como expresaba recientemente el mensaje de la Comisión Episcopal para la Pastoral de Migrantes e Itinerantes, “no hay muro, frontera ni distancia que la oración no pueda atravesar”. Por eso hoy decimos con confianza: que la oración ilumine sus corazones; mantengamos la esperanza, porque la oscuridad nunca tiene la última palabra. Al estar juntos hoy, rezando y confiando, estamos dejando que la luz que viene de Dios ilumine la noche que el pueblo venezolano viene atravesando desde hace tanto tiempo.
Finalmente, quisiera repetirles lo que ya les decía en el mensaje que les envié el pasado 4 de enero: nuestra Iglesia quiere ser, también hoy, madre que acompaña —especialmente a los migrantes— y casa abierta donde el dolor se transforma en oración y la esperanza se fortalece en comunidad. Sepan que aquí tienen una casa. Y como Iglesia en Argentina, y aquí en Avellaneda-Lanús, reafirmamos nuestro compromiso de acogerlos, protegerlos, promoverlos e integrarlos. Ustedes enriquecen nuestra tierra con su trabajo, con su alegría y con su fe inquebrantable.
Queridos hermanos y hermanas: frente a la suegra de Pedro, que estaba en cama con fiebre, el Evangelio nos dice que Jesús se acercó, la tomó de la mano y la hizo levantar, le pedimos a Jesús que tome al pueblo venezolano de la mano y lo levante. Esa es nuestra oración y esa es nuestra esperanza. Eso es lo que hoy ponemos en el corazón de la Divina Pastora, Madre y Pastora de este pueblo, para que lo cuide, lo sostenga y lo guíe por los caminos de la justicia, la fraternidad y la paz.
☩ Padre Obispo Marcelo (Maxi) Margni
Obispo de Avellaneda-Lanús
