Entrevista exclusiva – La Voz del Vecino
Por Marcelo Brunwald
En un tiempo donde la política es una carrera por cargos, spots, internas y ambiciones personales, Avellaneda guarda una historia que rompe todas las lógicas. Una historia real, silenciosa, casi borrada… pero imprescindible.

Es la historia de Luly, una mujer trans en los años 80 y 90 —cuando ni existían palabras, leyes ni protección para nombrar su identidad— que llegó a ser electa concejal. Y que hizo lo que hoy parece imposible:
renunció al cargo para ponerse el guardapolvo de enfermera y seguir ayudando a su gente en Villa Corina.
“Eligió la guardia del Fiorito antes que el sillón del Concejo”
Así la recuerda Jorge, su amigo de toda la vida, creador del colectivo cultural Entre Plumas y Estrellas, y memoria viva de una época que marcó a toda la zona sur.
“Luli era luz. Tenía un corazón gigante y una vocación de servicio que nadie tenía. Te peinaba para un casamiento aunque no tuvieras un peso. Era solidaria a cualquier hora. Y cuando entró al Fiorito como meritoria, descubrió lo suyo: cuidar”.
En aquellos años, cuando las identidades trans enfrentaban discriminación abierta, Luly rompió el molde: trabajó, se formó, ayudó, y terminó siendo querida por todos.
“Ella no se prostituía, no tenía doble vida. Era una vecina de barrio, laburante. Y un día, cuando llegó a la política… renunció. Y siguió siendo enfermera”.

La historia que Paula Patrón rescató
La historiadora y escritora Paula Patrón investigó la vida de Luly y la inmortalizó en su libro, donde reunió fotografías históricas, testimonios y el contexto social que rodeó su trayectoria.
Patrón la definió como un ícono barrial que trascendió cualquier etiqueta, y su libro permitió que nuevas generaciones supieran quién fue esa mujer que dejó huella en Domínico, Wilde, Corina y toda la región.
Las imágenes recuperadas muestran su paso por peluquerías, escenarios, comparsas, radios y, sobre todo, hospitales.
Una vida entre plumas y guardapolvos.

La entrevista que reabrió la memoria
Tras la entrevista realizada por Marcelo Brunwald en el programa La Voz del Vecino, la historia de Luly volvió a circular entre vecinos, militantes, trabajadores de la salud y funcionarios locales.
Tanto fue así que un concejal de Avellaneda se comunicó con Jorge, se interiorizó sobre la historia y anunció que iniciará los trámites para un reconocimiento formal a la trayectoria de Luly.
Un homenaje que nunca llegó en vida, pero que hoy empieza —al fin— a tomar forma.
Un ejemplo que trasciende banderas
Mientras hoy la política se agota en roscas, peleas internas, discursos y especulación electoral, la figura de Luly se vuelve más grande.
No pertenece solo a la diversidad.
No pertenece solo al movimiento trans.
Pertenece a toda la comunidad.
Porque renunció a lo que todos buscan: poder, nombre, banca, título.
Y eligió lo que casi nadie elige:
estar con su gente, de madrugada, con frío, con dolor, con urgencia.
Lo que el barrio merece
Villa Corina, Domínico, Wilde y toda Avellaneda tienen una deuda:
darle a Luly el reconocimiento que se ganó ayudando a los demás.
Su vida demuestra que el verdadero liderazgo no está en un cargo público, sino en la voluntad de ponerse al lado del que necesita.
Y si hoy su nombre vuelve a sonar, es porque algunas historias son demasiado grandes para ser olvidadas.
