Sociedad

Vendedores y reparadores afirman que la bicicleta volvió para quedarse

Como en otras ciudades latinoamericanas en nuestro país el uso de la bici se disparó con la pandemia. Las hay para todas las edades y los gustos.  

 

 

 

El boom en el uso de bicicletas, tanto nuevas como usadas, se observa rápidamente en un repaso del paisaje urbano. Se viva en una ciudad argentina relativamente grande o en una más cercana a los vínculos de la ruralidad.  

En el Gran Resistencia los casi tres meses de interrupción del servicio de transporte público de pasajeros acrecentó el aislamiento social obligatorio que había arrancado en marzo. Ése es uno de los principales motivos que varias fuentes atribuyen al repunte de la demanda por un medio de movilidad que permita salir con relativa autonomía, ponga el cuerpo a quemar calorías y sea económico.  

Para Ramón Sebastián Abuero el incremento en la actividad ronda el 30%. 

 

Hace cinco años que abrió su local de reparación de bicis en avenida Vélez Sarsfield 99 y asegura que en ese tiempo la clientela fue variando: “Hay de todo y parejo; vino gente con pedidos para todas las edades, mucho rodado para chicos también”. Él es uno de los que sostiene que la tendencia se acentuó este año por la pandemia de coronavirus: “Es una necesidad”, resume.

 

Ramón tiene más de 30 años de experiencia en el rubro; la mayoría en bicicletería Cometa, un taller con historia en la ciudad. Igual marca la diferencia con estar mucho tiempo en algo: “Aprende el que quiere”, aclara. Se le pregunta por algún mantenimiento estándar o recomendaciones y contesta con honestidad: “Se pueden hacer controles y tener cuidados mínimos, pero como cualquier otra cosa, igual se va a romper”. 

En el comercio y taller Rodados Abuero, un joven cliente de apellido Velardez espera que revisen su bici. “Empecé a usarla hace unos tres años, más como pasatiempo; primero haciendo distancias cortas y después alejándome bastante más, hasta que en dos ocasiones llegué hasta Corrientes”, contó. 

Ya en pandemia destaca las bondades de pedalear, siempre en momentos diurnos, y mucho más viviendo a una distancia considerable del centro, cerca de la Terminal de Ómnibus. Su bici era cero kilómetro cuando la compró, en 2017, sin embargo ahora asentada y con mantenimiento cada tres meses la valora mucho más. “Te movés manejando mejor tus tiempos, sin depender de un colectivo o de gastar en remís”, afirma alguien que reparte el tiempo entre estudio y trabajo.

 

Desde el mostrador de un comercio de la ciudad Jorge es uno de los vendedores  coincide que “sea por salud o por trabajo el ciclismo está de moda”. Un compañero en la atención al público en Italy, de Santa María de Oro 125, asiente: “Gracias a la pandemia estamos trabajando más”. 

El primero es ciclista contagiado por el entusiasmo competitivo de su hija y conociendo los valores de mercado aporta un detalle: “En deporte se dificulta porque todo es en dólares, una cubierta puede costar unos 8.000 a 9.000”. 

Sobre el modelo más pedido, los dos responden que hay variedad y lo habitual es que acuda gente que pregunta por todos los rodados. Aunque la mountain bike bien podría ubicarse entre las preferidas por su adaptabilidad tanto a superficies amigables como a terrenos rústicos y pedregosos.  

En la vereda un hombre y una mujer esperan su turno, son hermanos y  viven cerca del hospital. Mientras él pide un lubricante para cadena ella cuenta brevemente que compró la bici por internet hace unos cuatro meses para no tener que ir caminando hasta su trabajo (en el barrio España) mientras no hubo colectivos.   



Seguridad e infraestructura  

 

Entre los clientes que llegaron a una bicicletería céntrica de Resistencia ayer a media mañana estaba Manuel. 

Como tantas personas su ‘vuelta a la bici’ es producto 100% aislamiento por Covid-19. 

“Es también para bajar un poco todo lo que comimos de más durante el encierro”, bromea su hermana. 

Él sabe que es una situación generalizada en el país. Viendo las noticias en la tele conoce que cada vez más personas engrosan una misma tendencia. Es más el año pasado estuvo en Colombia y da cuenta del valor que se le da a los ciclistas en varias ciudades de ese país. 

“Acá falta infraestructura, que haya más espacio para las personas que andamos en bici y para que sea más seguro”, remarca.   

En parte habla de la peligrosidad de las maniobras cada vez más arriesgadas de algunos conductores de motos y automóviles: “Por más que nos cuidemos y prestemos atención, todo es muy limitado; nadie está exento de que lo atropellen”. 

Aunque también menciona la importancia de salir de a dos a la calle, especialmente las mujeres. 

Al margen de los arrebatos a los que muchos se habían acostumbrado, ahora hay horarios o zonas en las que los ataques se volvieron más graves o violentos. Sea por falta de presencia de agentes de policía o por escasa iluminación.  

Uno de los vendedores le da la razón: “Hay mucho hurto y también robo violento, con armas, golpes. Acá llega gente que vino a comprar una bici para una criatura y a los pocos días nos cuenta que se la robaron”. 



Record de ventas  

 

“En estos meses se está vendiendo el triple de bicicletas que el año pasado”, describe Daniel Tigani, director ejecutivo de la Cámara de la Industria de la Motocicleta, Bicicleta, Rodados y Afines (Cimbra) en una nota publicada ayer en Ámbito. 

Un cambio cultural que prioriza el cuidado de la salud, el aire libre y la reducción de la “huella de carbono”, la bici, ganó impulso adicional con la pandemia.

Hay más indicios que confirman el buen momento del rubro: el 80% de las que se esperan en comercios ya tienen quien pague por ellas (Heraldo.es); mientras que el fabricante de bicicletas Olmo aumentará un 50% su producción y busca personal (Bae Negocios).   

“La venta es fuerte y sostenida”, subraya Tigani, quien señala que en 2020 se superará “y por mucho”, el récord de 1,7 millones de bicicletas vendidas que se había alcanzado en 2017, poniendo fin a dos años de recesión del sector. 

 

 

Más de 100.000

 

Las ventas superan las 100.000 unidades por mes; el grueso es de bicis familiares, de un precio promedio de $15.000. Las deportivas, importadas o con mayor componente importado cuestan de $35.000 para arriba y ahí empieza a jugar la venta a crédito, que se amplió con los nuevos canales. 

El 90% de las ventas son de bicicletas nacionales y aunque ahora hay algún retraso en la importación lo que se encareció, debido a los protocolos de seguridad, es el costo logístico.

Por la recesión previa, el sector estaba muy stockeado pero en junio la demanda explotó. En el país hay una veintena de fábricas de bicicletas; en general el armado final (el 90% de las que se comercializan son de producción nacional, con un componente de partes locales mucho más alto que en autos y motocicletas) ocurre cerca de los grandes centros de venta. 



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