Opinión

90 años de infamia

Mañana 6 de septiembre, se cumplen 90 años del golpe de estado, primero de la historia, que se produce en la Argentina contra un gobierno constitucional.

Por Daniel Pena

 

Ahí se terminó el orden legal y un proceso, no sin avatares, que se inicia luego de la caída del dictador Juan Manuel de Rosas en 1852.

 

Este proceso llevó al país desde el salvajismo y la pobreza casi absoluta a ser la primera potencia del mundo en ingreso per capita en 1895 y 1896 (ver Informe Madison, Universidad de Groningen, Holanda), amén de dar al país un proyecto político y social que convirtió a la Argentina en esa potencia, asilo de inmigrantes que escapaban de condiciones miserables que había en Europa, fuente educativa y de cultura, y capacidad de dar movilidad social ascendente e integración a los pobres y clase media, en forma inédita en el mundo.

 

Estos son datos objetivos, más allá de lo se pueda opinar sobre ideología o lectura fuera de contexto.

 

El golpe del 30 quiebra ese orden progresista y sumerge al país en la corrupción institucional más cruel que vivió y vive la Argentina, donde quedó consagrada la impunidad, el apartamiento de las leyes y la degradación del trabajo y la educación.

 

En ese momento comenzó a jugar un rol destacado un personaje que es síntesis de la decadencia, el entonces Capitán del Ejército Juan Domingo Perón, quien fue Edecán del golpista del General Uriburu, y quien usa esta juvenil experiencia adquirida para proyectarse en su carrera militar y política, que se ve coronada en el golpe de 1943.

 

Golpe que apuesta a ubicarse al lado del nazismo, haciendo una pésima lectura de la realidad, mal que los sigue aquejando al día de hoy, donde construyen “su” realidad dándose el lujo de navegar en aguas muy turbulentas que terminan de hundir al barco. Y ese barco es nuestro país. Con esta alineación con el nazismo nos hicieron perder el tren de la historia.

 

Ahí nace el peronismo, en otro golpe de estado y que en menos de tres años se encumbra en el poder hasta el día de hoy, con muy pocas interrupciones, provocadas por otros golpes de estado y circunstanciales gobiernos de otro color político, que siempre fueron jaqueados por el desplazado peronismo.

 

El informe Madison que antes mencioné, muestra claramente como hay un punto de inflexión pronunciado en 1930, la involución del desarrollo nacional en esa década, la lenta caída de la economía, hasta que en 1950 (pleno gobierno de Perón) la Argentina comienza a caer en forma acelerada, hasta el pozo sin fondo donde nos encontramos hoy y que nos dice que estamos alrededor del puesto 60 en la escala de desarrollo

 

Pasamos de ser acreedores del Reino Unido y Estados Unidos, por venta de alimentos y materias primas durante la guerra, a deudores caprichosos. 

 

Se firmó en 1954 el primer acuerdo con el mismísimo demonio, el Fondo Monetario Internacional (adivinen quién gobernaba) mientras se pactaba con la California Oil la explotación del petróleo, empresa cuyo dueño era el Belcebú de Rockefeller (ex Standard Oil). Pero se seguía cantando que se combatía al capital.



Nos dieron, además a Isabelita, López Rega, Firmenich, los Montoneros, la AAA, Menem, Duhalde y ahora a los psicobolches de La Cámpora. De extrema derecha a la extrema izquierda, sin distinción alguna, porque todo les viene bien.

 

Sembraron la Argentina de cadáveres desde los años 70 y hace poco nos plantaron un fiscal de la Nación muerto luego de denunciar a la Presidente de la República.

 

Fuimos potencia y hoy damos lástima. Fuimos ejemplo de desarrollo cultural, educativo, industrial, del campo, para hoy ver institucionalizada la corrupción, la impunidad, los subsidios masivos que apartan de la gente del culto al trabajo y la educación y, recientemente, la entrada del narcotráfico que termina de derrumbarnos física y éticamente, cuando ya estamos realmente muy mal.

 

Esto logró el nuevo fenómeno político del Kirchnerismo que, amparándose en ese primitivo peronismo, ya plenamente totalitario, nos quiere imponer un régimen de dictadura, y ahora de la mano de puro nepotismo. De marido a esposa y con el hijo tratando de convertirse en el siguiente ungido.

 

Pretenden usar la pandemia para amordazarnos, meternos pánico, mantenernos privados de la libertad y así tener las manos libres para lograr el control absoluto. Esto es manipulación y abuso de poder. Pero de a poco la tendencia de sometimiento está terminando.

 

Lo ocurrido en el Congreso esta semana, con la manipulación del manejo de la Cámara de Diputados, la libertad de movimientos que tienen algunas organizaciones para usurpar campos o bienes privados en general, el intento de reforma judicial, que solo oculta el sometimiento de otro poder de la República a la voluntad del Ejecutivo todo poderoso, que ya demostró que puede avasallar al Congreso cuando quiera, nos muestras un camino negro en intenciones y en consecuencias.

 

Esto se dirime en estos días y por lo que se ve esto termina en el sometimiento o en la liberación. Solo espero que el método que nos lleve a una u otra salida, sea lo menos cruento posible.

 

Han pasado 90 años, creo que llegó el momento de poner punto final a los abusos y encauzar a la Argentina en la senda del progreso y la plena vigencia de las libertades.

 

Si somos libres lo demás no importa nada, porque con libertad vamos a construir una sociedad más justa, equilibrada, próspera y pacífica… de una vez por todas. Si no, estamos acabados.

 

Daniel Pena




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