Ciencia/Tecnología

Por qué los científicos no creen que el coronavirus haya sido creado en un laboratorio

La gran mayoría de los científicos que han estudiado el virus están de acuerdo en que evolucionó de forma natural y cruzó a los humanos de una especie animal, probablemente un murciélago.

 

¿Cómo sabemos exactamente que este virus, SARS-CoV-2, tiene un origen animal (zoonótico) y no artificial? Las respuestas se encuentran en el material genético y la historia evolutiva del virus, y en la comprensión de la ecología de los murciélagos en cuestión.

Se estima que el 60% de las enfermedades infecciosas conocidas y el 75% de todas las enfermedades nuevas, emergentes o reemergentes en humanos tienen orígen animal. El SARS-CoV-2 es el más nuevo de los siete coronavirus encontrados en humanos, todos los cuales provienen de animales, ya sea de murciélagos, ratones o animales domésticos. Los murciélagos también fueron la fuente de los virus que causan el Ébola, la rabia, el mal de Nipah y Hendra, la enfermedad del virus de Marburg y las cepas de la influenza A.

 

La composición genética o "genoma" del SARS-CoV-2 ha sido secuenciada y compartida públicamente miles de veces por científicos de todo el mundo. Si el virus hubiera sido modificado genéticamente en un laboratorio, habría signos de manipulación en los datos del genoma. Esto incluiría evidencia de una secuencia viral existente como la columna vertebral del nuevo virus y elementos genéticos obvios, insertados (o eliminados).

 

Pero no existe tal evidencia. Es muy poco probable que las técnicas utilizadas para modificar genéticamente el virus no dejen una firma genética, como fragmentos específicos de código de ADN.

 

El genoma del SARS-CoV-2 es similar al de otros coronavirus de murciélago, así como de los pangolines, todos los cuales tienen la misma arquitectura genómica general. Las diferencias entre los genomas de estos coronavirus muestran patrones naturales típicos de su evolución. Esto sugiere que el SARS-CoV-2 evolucionó de un coronavirus salvaje anterior.

 

Una de las características clave que hace que el SARS-CoV-2 sea diferente de los otros coronavirus es una proteína “espiga” particular  que se une bien con otra proteína en el exterior de las células humanas llamada ACE2 . Esto permite que el virus se enganche e infecte una variedad de células humanas. Otros coronavirus relacionados tienen características similares, evidencia de que han evolucionado de forma natural en lugar de añadidos artificialmente en un laboratorio.

 

Los coronavirus y los murciélagos están involucrados en una carrera armamentista evolutiva en la que los virus evolucionan constantemente para engañar al sistema inmunitario de los murciélagos y los murciélagos evolucionan para resistir las infecciones por los coronavirus. Un virus desarrollará múltiples variantes, la mayoría de las cuales serán destruidas por el sistema inmune del murciélago, pero algunas sobrevivirán y pasarán a otros murciélagos.

 

Algunos científicos han sugerido que el SARS-CoV-2 puede provenir de otro virus de murciélago conocido (RaTG13) encontrado por investigadores del Instituto de Virología de Wuhan. Los genomas de estos dos virus son 96% similares entre sí.

Esto puede parecer muy cerca, pero en términos evolutivos, esto los hace significativamente diferentes y se ha demostrado que los dos comparten un ancestro común. Esto demuestra que RaGT13 no es el ancestro del SARS-CoV-2.

De hecho, el SARS-CoV-2 probablemente evolucionó de una variante viral que no pudo sobrevivir durante un largo período de tiempo o que persiste a niveles bajos en los murciélagos. Casualmente, evolucionó la capacidad de invadir células humanas y accidentalmente se abrió camino hacia nosotros, posiblemente por medio de un huésped animal intermedio, donde luego prosperó. O una forma inicialmente inofensiva del virus pudo haber saltado directamente a los humanos y luego evolucionar para volverse dañina a medida que pasaba entre las personas.

Variaciones genéticas

La mezcla o "recombinación" de distintos genomas de coronavirus en la naturaleza es uno de los mecanismos que produce nuevos coronavirus. Ahora hay más evidencia de que este proceso podría estar involucrado en la generación de SARS-CoV-2.

 

Desde que comenzó la pandemia, el virus SARS-CoV-2 parece haber comenzado a evolucionar en dos cepas distintas, adquiriendo adaptaciones para una invasión más eficiente de las células humanas. Esto podría haber ocurrido a través de un mecanismo conocido como barrido selectivo, a través del cual las mutaciones beneficiosas ayudan a que un virus infecte a más huéspedes y se vuelvan más comunes en la población viral. Este es un proceso natural que en última instancia puede reducir la variación genética entre genomas virales individuales.

 

El mismo mecanismo explicaría la falta de diversidad observada en los muchos genomas de SAR-CoV-2 que se han secuenciado. Esto indica que el antepasado del SARS-CoV-2 podría haber estado circulando en poblaciones de murciélagos durante un tiempo considerable . Entonces habría adquirido las mutaciones que le permitieron pasar de los murciélagos a otros animales, incluidos los humanos.

 

También es importante recordar que alrededor de una de cada cinco especies de mamíferos en la Tierra son murciélagos: algunos se encuentran sólo en ciertos lugares y otros migran a través de grandes distancias. Esta diversidad y extensión geográfica hace que sea un desafío identificar de qué grupo de murciélagos proviene originalmente el SARS-CoV-2.

 

Hay evidencia de que los primeros casos de COVID-19 ocurrieron fuera de Wuhan en China y no tenían un vínculo claro con el mercado de animales vivos donde se cree que comenzó la pandemia. Pero eso no es evidencia de una conspiración.

Podría ser simplemente que las personas infectadas introdujeron accidentalmente el virus en la ciudad y luego en el mercado de animales vivos, donde las condiciones de encierro y hacinamiento aumentaron las posibilidades de propagación. Esto implica la posibilidad de que uno de los científicos involucrados en la investigación del coronavirus del murciélago en Wuhan, sin saberlo, se infectara y transportara el virus desde donde vivían sus murciélagos. Esto todavía se consideraría una infección natural, no una fuga de laboratorio.

 

Solo a través de una ciencia sólida y el estudio del mundo natural podremos comprender verdaderamente la historia natural y los orígenes de las enfermedades zoonóticas como COVID-19. Esto es pertinente porque nuestra relación siempre cambiante y el contacto creciente con la vida silvestre aumentan el riesgo de nuevas enfermedades mortales zoonóticas que surgen en los humanos. El SARS-CoV-2 no es el primer virus que hemos adquirido de animales y ciertamente no será el último.

Nota Original.

 

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